Categoría: Cuaderno público

  • La mano que financia

    La mano que financia

    Hay una pregunta que las organizaciones culturales evitamos hacernos en voz alta, quizá porque la respuesta incomoda: ¿hasta qué punto lo que podemos decir y hacer está condicionado por quién nos paga? La formulo desde dentro, no como acusación. Dirijo una fundación con presupuesto ajustado, dependiente de convocatorias y apoyos, y sé que esta cuestión…

  • Quién se siente invitado

    Quién se siente invitado

    Toda la conversación sobre el arte y la sociedad —la que vengo teniendo en estos textos y la que ocupa a la fundación que dirijo— tiende a mirar hacia el mismo lado: quién produce, quién financia, quién consagra, quién media. Falta la otra orilla, y es la más incómoda de todas: quién recibe, quién se…

  • El arte que sube el alquiler

    El arte que sube el alquiler

    La escena se repite en muchas ciudades y casi siempre se cuenta igual, en tono de buena noticia. Un barrio degradado, con locales vacíos y alquileres bajos, empieza a llenarse de estudios de artistas, galerías pequeñas, un festival, una cafetería con carácter. El barrio “revive”. Los suplementos culturales lo celebran. Y unos años después, los…

  • Lo que no podemos saber del precio

    Lo que no podemos saber del precio

    Sobre la frontera invisible entre construir reputación, manipular el mercado y defraudar Cada cierto tiempo, un escándalo de falsificación o fraude recorre la prensa del arte y reactiva una sospecha cómoda: que el mercado entero es un montaje, que los precios son humo, que detrás de cada cifra hay una mano que mueve los hilos.…

  • Trabajar por amor al arte

    Trabajar por amor al arte

    La expresión es tan común que ya no la oímos: trabajar por amor al arte. Significa, literalmente, trabajar gratis. Y describe con una precisión incómoda cómo se sostiene buena parte del sector cultural, incluido el trabajo de muchas fundaciones. No lo digo desde fuera: lo digo desde una organización con presupuesto ajustado, que conoce de…

  • Lo que decidimos recordar

    Lo que decidimos recordar

    Solemos hablar del patrimonio como si fuera una categoría natural: hay cosas que, sencillamente, merecen conservarse. Un edificio antiguo, una obra maestra, un yacimiento. Como si el valor estuviera dentro del objeto, esperando a ser reconocido, y conservar consistiera solo en no dejar que se pierda lo que ya vale por sí mismo. La disciplina…

  • La política no está en el cuadro

    La política no está en el cuadro

    Sobre por qué la crítica del arte contemporáneo se juega en la infraestructura y no en el mensaje Hay una idea muy extendida, y muy cómoda, sobre lo que hace político a un arte: que lo es por su tema. Una obra sería política si denuncia, si representa un conflicto, si toma partido, si lleva…

  • El arte y la buena conciencia

    El arte y la buena conciencia

    Los proyectos participativos ocupan hoy buena parte de la programación cultural, y desde luego buena parte de lo que hace una fundación como la que dirijo: talleres con comunidades, obras colaborativas, procesos que incluyen a quienes suelen quedar fuera. Se aplauden, casi por defecto, con un vocabulario que ya conocemos —inclusivos, colaborativos, transformadores, comprometidos—. Y…

  • La risa que abre y la que cierra

    La risa que abre y la que cierra

    Sobre el humor, el arte y la tentación de creerlo siempre del lado bueno En tiempos de crispación se repite una esperanza razonable: que necesitamos más humor. Que frente al dogma, la trinchera y la solemnidad enfadada, la risa podría devolvernos algo de aire, de distancia, de humanidad compartida. Comparto el impulso. Pero he aprendido…

  • La silla vacía

    La silla vacía

    El 7 de julio The New York Times publicó un reportaje con un titular que suena a desquite: la venganza de los licenciados en filosofía. Los laboratorios de inteligencia artificial están contratando filósofos. No como gesto ornamental: Google DeepMind y Anthropic cuentan cada uno con al menos media docena, hay una constitución de veintitrés mil…