En los museos del mundo hay muchos Pensadores de Rodin. No copias piratas ni imitaciones: bronces buenos en colecciones serias, todos salidos del mismo modelo. La pregunta de cuál es el original no tiene la respuesta que uno espera; y averiguar por qué obliga a mirar cómo se fabrica una escultura y, especialmente, quién decide dónde termina una obra.
Rodin modeló la figura hacia 1880, de unos setenta centímetros, para coronar el tímpano de La puerta del Infierno. Entonces se llamaba El poeta y representaba a Dante contemplando los círculos del infierno. La expuso por separado en 1888, y así se convirtió en obra autónoma. En 1904 la amplió a escala monumental, y ese ejemplar grande estuvo ante el Panteón de París desde 1906 hasta que lo trasladaron al museo del artista en 1922.
Una escultura en bronce no se talla, se funde. Rodin modelaba en arcilla; de ahí se sacaban moldes y yesos, y de esos moldes se obtenían los bronces. La multiplicidad no es una traición al procedimiento: es el procedimiento. No existe un bronce primero que sea la obra y otros que sean copias suyas, porque todos son fundiciones del mismo modelo. Y como Rodin autorizó fundiciones en distintos tamaños y momentos, y como los moldes duran, la pregunta de cuántos Pensadores hay tiene una respuesta desconcertante: el museo Rodin, que conserva los derechos, se limita a decir que existen numerosos ejemplares por todo el mundo.
Entonces, si la técnica permite hacer bronces indefinidamente y ninguno es más primero que otro, ¿dónde acaba la obra y empieza la mercancía? La respuesta, en Francia, la da una norma. El código de propiedad intelectual establece que una edición de escultura comprende como máximo doce ejemplares, contando juntos los numerados y las pruebas de artista, y que se consideran originales si se han hecho bajo responsabilidad del autor y están numerados, firmados o debidamente autorizados. El museo Rodin aplica exactamente eso: sus ediciones son de doce, ocho ejemplares numerados del uno al ocho y cuatro pruebas de artista en romanos, contando también las fundiciones anteriores de la misma edición. Doce. Ni uno más.
Ese número no lo dictó Rodin, que murió en 1917, ni salió de un debate estético. Se formó por sedimentación administrativa: una norma fiscal de 1967 que definía qué contaba como obra de arte original, una regulación interna de los ministerios de Cultura y Finanzas que en 1978 fijó el límite para el museo Rodin, un decreto antifraude de 1981 que obligó a marcar las reproducciones de forma visible e indeleble, y la codificación posterior que lo dejó en el artículo que sigue vigente. Es decir: la frontera entre un original y una reproducción de Rodin la trazaron, décadas después de su muerte, un ministerio de Hacienda y un legislador.
Dos bronces salidos del mismo molde, formalmente equivalentes, pueden tener estatuto distinto: uno pertenece a la edición original autorizada y otro es una reproducción. Pero el estatuto no depende solo del número de orden, como si el doce fuera arte y el trece basura. Depende del modelo empleado, de la escala, de quién autorizó la fundición, de la numeración, de las marcas del fundidor y de la procedencia documentada. Y una reproducción no es una falsificación: puede ser perfectamente legal si está identificada como tal, y de hecho el museo Rodin vende reproducciones, aunque las hace en resina para que nadie las confunda con los bronces.
Como Rodin donó al Estado francés sus modelos, sus moldes y sus derechos en 1916, el museo puede completar hoy ediciones que no estén agotadas. Eso significa que una fundición realizada este siglo, un bronce que Rodin no vio, cuya pátina no eligió y cuya fundición no supervisó, puede pertenecer jurídicamente a una edición original de Rodin. No es un fraude ni una trampa: es la consecuencia de que el artista dejara los moldes y el derecho a usarlos. Y ahí la pregunta que el derecho resuelve y la historia del arte no: si un bronce que nunca pasó por sus manos es obra suya en el mismo sentido que uno fundido mientras vivía. El mercado, por su parte, ya ha respondido a su manera, y paga distinto por una fundición hecha en vida.
Cuando de una escultura antigua solo quedan copias, el original existió y desapareció, y las copias intentan aproximarse a algo que fue. Aquí no hay nada perdido. La obra es múltiple desde su concepción, porque el bronce funciona así, y por eso alguien tiene que decidir cuántos ejemplares caben dentro de la categoría de original. No es un problema de conservación, es un problema de definición, y se ha resuelto con un número.
Doce. Una cifra razonable, seguramente, que impide la producción indefinida y protege el valor de lo existente. Pero una cifra, no una propiedad del objeto. Nada en el metal del ejemplar número ocho lo distingue del que habría sido el trece. La diferencia entre una obra original de Rodin y una reproducción de Rodin no está, en última instancia, en el bronce: está en un artículo del código de propiedad intelectual francés.
Sobre la conversación abierta
Este texto parte de un hecho jurídico verificado: en Francia, la edición original de una escultura puede comprender hasta doce ejemplares, contando juntos los numerados y las pruebas de artista, y el Musée Rodin aplica ese límite como ocho ejemplares más cuatro pruebas. Me interesa que, cuando la técnica permite la multiplicidad, la categoría de original no la fija una diferencia física sino una norma. Corrijo de paso un dato que circula mucho: el límite no procede de un decreto de 1956, sino de una evolución que arranca en la regulación fiscal de 1967, se aplica al museo en 1978, se refuerza con el decreto antifraude de 1981 y hoy figura en el código de propiedad intelectual. Y distingo lo que la norma decide (el estatuto de edición original, a efectos del derecho de participación) de lo que no decide (el valor histórico de una fundición hecha en vida frente a una póstuma). Si alguien quiere intervenir desde el derecho del arte, la conservación o el mercado, este cuaderno sigue abierto.
Fuentes
Código francés de la Propiedad Intelectual, artículo R.122-3 (vigente desde el 25 de junio de 2022, tras el decreto 2022-928): «Les éditions de sculpture, dans la limite de douze exemplaires, exemplaires numérotés et épreuves d’artiste confondus», consideradas originales si están «numérotées ou signées ou dûment autorisées d’une autre manière par l’auteur». El artículo se sitúa en la regulación del derecho de participación.
Genealogía de la norma: decreto 67-454 (10 de junio de 1967, fiscal); regulación conjunta de los ministerios de Cultura y Finanzas para el Musée Rodin (5 de septiembre de 1978); decreto 81-255 (3 de marzo de 1981, sobre fraude y marcado de reproducciones); decreto 93-163 (1993, sobre el Musée Rodin).
Musée Rodin: «The museum limits its original editions to twelve casts, numbered 1/8 to 8/8 and I/IV to IV/IV, including the existing original editions»; advertencia sobre reproducciones y sobrefundiciones; sus reproducciones se realizan en resina. El museo indica que «numerous casts exist worldwide», sin publicar una cifra total cerrada.
La obra: modelo de 1880 (~70 cm) para La puerta del Infierno, titulado inicialmente Le Poète; expuesto de forma independiente en 1888; ampliado a escala monumental en 1904. Rodin donó modelos, moldes y derechos al Estado francés en 1916 (ley de 22 de diciembre de 1916) y murió el 17 de noviembre de 1917.
Sobre las fundiciones históricas: Antoinette Le Normand-Romain, The Bronzes of Rodin.
