Ilustración facetada en tonos sepia: un busto sobre un pedestal junto a una lámina inclinada con la misma silueta en relieve.

Cuaderno público

Warhol contra Goldsmith: la misma imagen, dos usos

En 1984 Andy Warhol partió de un retrato fotográfico de Prince, hecho por Lynn Goldsmith, para crear la serie Prince. Treinta y dos años después, tras la muerte del músico, la fundación que gestiona su legado concedió a Condé Nast una licencia para usar una de esas obras, Orange Prince, en la portada de una publicación conmemorativa. Cobró diez mil dólares. Goldsmith no recibió pago ni crédito. El pleito llegó al Tribunal Supremo de Estados Unidos y resolvió el 18 de mayo de 2023 por siete votos a dos contra la fundación.

El tribunal no declaró que Warhol plagiara a Goldsmith, ni que la serie Prince fuera ilegal. La sentencia deja escrito que no expresa opinión sobre la creación, exhibición o venta de ninguna de las obras originales de la serie. Lo examinado fue un solo uso: aquella licencia de 2016. Ni siquiera todo el análisis de ese uso. En Estados Unidos, el uso de una obra ajena puede estar amparado por el fair use, que se valora con cuatro factores; al Supremo solo llegó el primero: el propósito y el carácter del uso.

Sobre ese factor, la sentencia hizo dos cosas. La primera, rebajar el peso de lo «transformativo». Una lectura extendida del uso transformativo daba mucho peso a que la nueva obra añadiera un significado o mensaje propio. La mayoría, redactada por la jueza Sonia Sotomayor, dijo que un nuevo significado puede ser relevante, pero por sí solo no decide. Si decidiera, cualquier adaptación, secuela o arreglo que aporta algo nuevo quedaría libre y el derecho del autor a autorizar obras derivadas se vaciaría.

La segunda fue desplazar la pregunta de la obra al uso. El tribunal aceptó, a efectos del argumento, que Orange Prince podía mostrar a Prince como un icono mientras la fotografía de Goldsmith lo mostraba más frágil. Pero en 2016 las dos imágenes hacían lo mismo: ambas eran retratos de Prince usados en revistas para ilustrar historias sobre Prince. Cuando la obra original y el uso posterior comparten finalidades iguales o muy parecidas, y el uso es comercial, el primer factor tiende a jugar contra el fair use salvo que haya otra justificación para copiar. El carácter comercial pesa, pero no decide solo; lo que decide es su combinación con la cercanía de las funciones.

La misma copia puede ser lícita cuando se usa para un propósito y no cuando se usa para otro. Orange Prince en la pared de un museo, estudiada en una clase, reproducida en un libro de historia del arte o licenciada para ilustrar una portada sobre el propio Prince son la misma imagen y pueden ser cuatro situaciones jurídicas distintas. El tribunal no pregunta qué es la obra, sino qué se está haciendo con ella.

Para quien pinta, la idea tiene algo inquietante y algo justo. Inquietante porque la misma imagen, sin cambiar un píxel, puede pasar de lícita a ilícita según el contrato que la acompañe. Justo porque el perjuicio de Goldsmith no estaba en que Warhol hubiera mirado su foto, sino en que en 2016 la obra de Warhol ocupó exactamente el lugar comercial que habría ocupado su fotografía: una portada sobre Prince. Leo aquí un eco de algo que he defendido en otro terreno: lo que una obra hace depende de su relación con un contexto y no solo de sus propiedades. Pero el paralelo tiene un límite claro: el tribunal no habla de qué es una obra de arte, habla de qué uso de una obra ajena está permitido.

El derecho europeo pregunta de otra manera. En Perceptiblemente diferente escribí sobre la sentencia del Tribunal Supremo alemán que, en septiembre de 2026, admitió como pastiche el sampling de Kraftwerk en una canción de Sabrina Setlur. Allí la pregunta no era la finalidad de un uso concreto ponderada con cuatro factores. Era si la reutilización reconocible de material protegido, con diferencias perceptibles, entabla un diálogo artístico con la obra anterior que pueda calificarse objetivamente como pastiche. Estados Unidos mira sobre todo la función del uso y su cercanía comercial con el original; el pastiche europeo mira sobre todo la relación creativa entre las obras. La comparación es mía; ninguno de los dos tribunales la hace, y no permite adivinar qué habría pasado con Orange Prince en Alemania ni con el sample de Kraftwerk en Estados Unidos.

Nada en la sentencia afecta a la serie Prince como obra. Lo que se juzgó fue una licencia de 2016, y la lección que deja es más modesta y útil que el titular que la persiguió: en este derecho, una imagen no es lícita o ilícita de una vez para siempre. Lo es cada vez que alguien decide para qué usarla.

Sobre la conversación abierta

Este texto repasa la sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos en Andy Warhol Foundation v. Goldsmith (18 de mayo de 2023). No sostengo que Warhol plagiara a Goldsmith ni que la serie Prince sea ilícita: el tribunal examinó solo el primer factor del fair use respecto de la licencia comercial de Orange Prince concedida en 2016 a Condé Nast y declaró expresamente que no se pronunciaba sobre la creación, exhibición o venta de las obras originales. Me interesa su método: juzgar usos concretos y no obras, de modo que la misma imagen puede ser lícita para un propósito y no para otro. La comparación con el pastiche del derecho alemán y europeo es sistemática y mía, no de ningún tribunal. Si alguien quiere intervenir desde el derecho de autor o la práctica artística, este cuaderno sigue abierto.

Fuentes

Supreme Court of the United States, Andy Warhol Foundation for the Visual Arts, Inc. v. Goldsmith, n.º 21-869, 598 U.S. 508, 18 de mayo de 2023 (texto oficial y edición de United States Reports).

Bundesgerichtshof, sentencia I ZR 74/22 (Metall auf Metall VI), 3 de septiembre de 2026, citada como contraste; tratada en «Perceptiblemente diferente».

Notas

Votación: 7 a 2. Mayoría de la jueza Sotomayor; concurrencia del juez Gorsuch, con la jueza Jackson; disidencia de la jueza Kagan, con el presidente Roberts.

La cuestión sometida se limitó al primer factor del fair use (17 U.S.C. § 107(1)) y a la licencia de 2016. La sentencia declara que no se pronuncia sobre la creación, exhibición o venta de las obras originales de la serie Prince.

La comparación con el pastiche (§ 51a UrhG; art. 5.3.k de la Directiva 2001/29/CE, según la interpretación del TJUE en el asunto C-590/23) es una comparación sistemática del autor, no realizada por ninguno de los tribunales.


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