Ilustración monumental en tonos papiro cálido y grafito, con estética poligonal de piedra tallada, vista en perspectiva oblicua, de ánimo grave y con fría ironía. En el centro, un pedestal monumental de piedra eleva muy alto una única forma-obra de arte, iluminada y prominente. Alrededor de su base, una multitud de pequeñas figuras antropomorfas de piedra se alza con los brazos levantados en protesta, gesticulando hacia la obra elevada. Pero la propia energía que asciende de esos brazos en protesta, representada como una corriente cálida y facetada de luz, fluye hacia arriba y se reúne en torno a la obra elevada, alzándola visiblemente más y haciéndola brillar con más fuerza. La protesta no derriba la obra: su fuerza es lo que la levanta. Cuanto más clama la multitud, más alto sube el pedestal. El tono es solemne, monumental y sutilmente irónico.

Cuaderno público

Más rápido que los tribunales

En febrero de 2025 más de seis mil personas, la mayoría artistas, firmaron una carta pidiendo a Christie’s que cancelara una subasta. La casa iba a vender, por primera vez en una venta entera dedicada a ello, obra hecha con inteligencia artificial, y la carta denunciaba que muchas de esas piezas se habían creado con modelos entrenados sobre trabajo ajeno sin licencia ni pago. La petición era clara: si les queda algún respeto por los artistas humanos, cancelen.

Christie’s no canceló. La subasta se celebró, del 20 de febrero al 5 de marzo, y recaudó 728.784 dólares, por encima de lo que la casa esperaba. La obra más cara, una pieza de Refik Anadol hecha con más de un millón de imágenes de la Estación Espacial, se vendió por 277.200 dólares, superando su estimación máxima. La protesta y el récord ocurrieron a la vez, sin estorbarse. Esa simultaneidad dice algo sobre cómo funciona hoy el mercado del arte que va más allá de la IA.

La carta decía «muchas» obras, no todas, sin señalar cuáles. Eso deja el reproche flotando sobre la subasta entera sin tocar ninguna pieza en concreto, y es injusto con parte de los artistas, porque los que había allí no hacían todos lo mismo. Harold Cohen llevaba desde los años sesenta programando un sistema propio, construido regla a regla por él; no descargó el trabajo de nadie. Holly Herndon y Mat Dryhurst exponían una obra crítica sobre los datos de entrenamiento y el consentimiento, y han montado una iniciativa para que los artistas puedan saber si su obra está en los conjuntos con que se entrenan las máquinas y oponerse. Meterlos en el mismo saco que a quien teclea una orden en un generador comercial opaco es no mirar. Que la subasta ganara dinero no prueba que esos modelos sean legales, ni que la sociedad haya aceptado nada: prueba solo que se vendió.

La controversia no restó valor a la venta, convivió con ella y probablemente le sumara. Una subasta de arte con IA rodeada de polémica pública, con seis mil firmas y titulares, es un acontecimiento más interesante, más comentado y más deseable que una subasta tranquila que a nadie le importa. El conflicto no es un obstáculo para el mercado: es material que el mercado aprovecha. La atención que genera la protesta es la misma atención que revaloriza lo protestado.

Esto ya lo sabíamos de otras esquinas del arte contemporáneo. El arte que denuncia la especulación se vende como activo especulativo, la crítica institucional se colecciona con toda normalidad. Lo que el mercado compra no es a pesar de la crítica, es la crítica, convertida en signo de que la obra toca algo vivo. La subasta de Christie’s aplica esa lógica vieja a un material nuevo. La discusión sobre si la IA expolia a los artistas no rebaja el precio de la obra hecha con IA; se incorpora al aura de la obra, la vuelve más de su tiempo, más urgente, más cotizable. Firmar la carta y pujar en la sala no son gestos contradictorios desde el punto de vista del mercado: ambas formas de reconocer que ahí está pasando algo que importa. Importa, y eso se vende.

Christie’s vendió esas obras mientras los tribunales de medio mundo siguen sin decidir si entrenar un modelo con obra protegida sin permiso es legal o es un expolio masivo. Los pleitos están abiertos, las leyes se están escribiendo, las licencias no existen todavía. En ese vacío, el mercado no espera. No aguarda a que se aclare la legalidad de los datos para poner un precio a lo que con ellos se hace. Actúa antes, fija valores, crea récords, y con cada martillo construye un hecho consumado: cuando la ley llegue, si llega, se encontrará con un mercado que lleva años funcionando como si la cuestión estuviera resuelta. El precio se adelanta al derecho; una vez puesto, es muy difícil de retirar.

El mercado del arte tiene la capacidad de normalizar cualquier cosa antes de que se decida si es aceptable: no necesita que lo sea, solo que se venda. Lo que se paga se vuelve, por el hecho de pagarse, algo serio, algo que existe, algo con lo que hay que contar. La protesta creía estar frenando una injusticia. Puede que tuviera razón sobre la injusticia, pero formó parte del acontecimiento que ayudó a consagrar: en este mercado hasta la voz que dice «esto no debería venderse» acaba subiendo el precio de lo que se vende.

Sobre la conversación abierta

Este texto parte de la subasta «Augmented Intelligence» de Christie’s (febrero-marzo de 2025), la primera venta temática dedicada a arte con IA en una gran casa, que recaudó 728.784 dólares pese a una carta abierta, hoy con más de seis mil firmas, que pedía cancelarla por el uso de modelos entrenados sin licencia. No sostengo que los modelos empleados fueran ilícitos, cuestión que sigue en litigio, ni que todos los artistas de la venta usaran datos ajenos: los había con sistemas propios y con obra crítica sobre esos mismos datos, y la carta no identificó lotes. La controversia no frenó la venta sino que convivió con su éxito; el mercado fija precios en el vacío que los tribunales aún no han llenado, normalizando por la vía del valor lo que el derecho no ha decidido. Continúa una línea que abrí en «El arte como activo» y «Contra la vida optimizada». Si alguien quiere intervenir desde el mercado del arte, el derecho de autor o la crítica de la IA, este cuaderno sigue abierto.

Fuentes

Christie’s, «Augmented Intelligence» (venta online 23942), 20 de febrero a 5 de marzo de 2025, 34 lotes. Presentada por la casa como su primera subasta dedicada exclusivamente a arte creado con IA y la primera venta temática de IA en una gran casa (comunicado de 7 de febrero de 2025). Total oficial: 728.784 dólares, incluida la prima del comprador. «Machine Hallucinations – ISS Dreams – A», de Refik Anadol, alcanzó 277.200 dólares (estimación máxima 200.000), el precio más alto de la venta. Christie’s afirmó que el total superó su estimación inicial; medios especializados la situaron en torno a 600.000 dólares, cifra que no consta en el comunicado oficial. La tasa de adjudicación no figura en el comunicado oficial: ARTnews publicó un 82 % y Artsy un 88 %.

Carta abierta a Christie’s, publicada el 8 de febrero de 2025, actualmente con 6.566 firmas (5.720 verificadas): «Many of the artworks you plan to auction were created using AI models that are known to be trained on copyrighted work without a license»; «we ask that, if you have any respect for human artists, you cancel the auction». La carta no identificó los lotes cuestionados.

Respuesta de un portavoz de Christie’s (reproducida por Artnet News y ARTnews): «The artists represented in this sale all have strong, existing multidisciplinary art practices, some recognized in leading museum collections. The works in this auction are using artificial intelligence to enhance their bodies of work.»

Sobre la diversidad de prácticas: Harold Cohen desarrolló el sistema AARON desde finales de los años sesenta (Whitney Museum); Holly Herndon y Mat Dryhurst presentaron obra de la serie xhairymutantx, crítica sobre datos de entrenamiento e identidad (Whitney Biennial 2024), y cofundaron la iniciativa Spawning; Refik Anadol empleó un corpus de más de 1,2 millones de imágenes de la Estación Espacial Internacional y satélites. No consta auditoría pública de licencias imagen por imagen de ese corpus, y no se afirma aquí la ilicitud de ningún modelo concreto.

Antecedente de mercado: Sotheby’s celebró la subasta cápsula monográfica «Exorbitant Stage: Botto» en octubre de 2024 (351.600 dólares, seis lotes), lo que sitúa «Augmented Intelligence» como un paso relevante, no como la primera presencia de IA en subasta.


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