Cuaderno público

Lo que el sistema vuelve improbable

Sobre la ignorancia como producto de las infraestructuras digitales

Hay una idea cómoda sobre la información que conviene desmontar: la de que vivimos rodeados de ella, que el problema de nuestra época es el exceso, que nunca hubo tanto disponible al alcance de cualquiera. Es verdad a medias, y la mitad que falta es la importante. Porque junto a esa abundancia se produce, de forma menos visible y más decisiva, su reverso: una distribución desigual de lo que cada uno puede llegar a ver, saber o encontrar. No vivimos solo en una economía de la atención. Vivimos, cada vez más, en una economía de la ignorancia: no la que muestra, sino la que vuelve improbable.

Es el sexto texto de la serie sobre infraestructuras que vengo publicando en este Cuaderno público, y en cierto modo el que da la vuelta a todos los anteriores. En los cinco previos sostuve que los sistemas digitales y culturales capturan, desplazan, homogeneizan y financiarizan, y que la responsabilidad por sus efectos es estructural, no individual. Aquí entro en lo que esos sistemas hacen no mostrando: la ignorancia que producen, y por qué esa producción importa para pensar qué arte puede siquiera aparecer.

1. La ignorancia no es un agujero, es un producto

El término técnico existe y conviene usarlo. Robert Proctor llamó agnotología al estudio de la ignorancia entendida no como simple ausencia de conocimiento, sino como algo que se produce: cultural y políticamente, mediante secreto, selección y supresión. Su caso clásico es la industria del tabaco, que durante décadas no ocultó la verdad sin más: fabricó activamente duda, financió estudios, sembró confusión. La ignorancia, ahí, no era un vacío que nadie había rellenado todavía. Era un resultado, fabricado con intención y recursos.

Lo que propongo es trasladar esa mirada a las infraestructuras algorítmicas, donde la ignorancia se produce de un modo más sutil que la mentira deliberada del tabaco. No hace falta que nadie mienta. Basta con cómo está configurado el sistema. La ignorancia algorítmica no se fabrica ocultando: se fabrica decidiendo qué aparece, en qué orden, con qué probabilidad, ante quién. Y eso, a diferencia del secreto clásico, es invisible para quien lo sufre, porque no se puede echar en falta lo que nunca se supo que existía.

2. Cuatro formas de no ver

La ignorancia infraestructural no es una sola cosa. Adopta al menos cuatro formas, y conviene distinguirlas porque operan de maneras distintas.

La primera es la sustracción invisible. Los sistemas de personalización muestran a cada usuario lo que se alinea con sus preferencias previas, y al hacerlo lo aíslan de lo que no encaja. Eli Pariser lo llamó filter bubble: una reducción de la diversidad informativa que el usuario no percibe, porque el sistema le ahorra incluso la experiencia de la ausencia. No ves lo que falta, y tampoco ves que falta. La burbuja es perfecta cuando ni siquiera se nota que es una burbuja.

La segunda es el vacío explotable. Hay consultas para las que apenas existe contenido —los data voids que estudiaron Michael Golebiewski y danah boyd—, zonas sin apenas resultados donde quien llega primero con material dominante ocupa el espacio sin competencia. El vacío no es un fallo del sistema: es un territorio operable dentro de él. La invisibilidad, ahí, no es pasiva. Es una oportunidad estructural para quien sepa explotarla.

La tercera es la jerarquía de exposición. Los algoritmos de recomendación y ranking no solo distribuyen contenido: deciden su visibilidad en un gradiente continuo. Algo puede no estar prohibido ni eliminado y, sin embargo, quedar tan abajo en la escala de exposición que su existencia sea, a efectos prácticos, nula. La investigación reciente documenta reducciones de visibilidad de varios órdenes de magnitud sin que el usuario lo perciba. Ignorar, aquí, ya no es no saber: es no alcanzar el umbral de visibilidad.

La cuarta es la ausencia estructural de origen. Lo que un dataset no contiene no es que sea difícil de encontrar: es que no existe para el sistema que se entrena sobre él. Cada conjunto de datos codifica decisiones previas de inclusión y exclusión, y esas decisiones determinan qué puede ser recuperado, recombinado o generado, y qué queda fuera del campo de lo posible. En los sistemas generativos, la estructura del corpus no afecta solo a los resultados: constituye el espacio de lo producible. Lo que el dataset no recoge no es invisible. Es inexistente para la máquina.

3. Por qué esto es un problema de arte, y no solo de información

Hasta aquí podría parecer un asunto de desinformación, de política o de búsqueda en internet. Lo es, pero no se agota ahí, y el punto que me interesa es otro: estas cuatro formas de ignorancia condicionan qué arte puede siquiera aparecer.

En mi trabajo sobre el excedente estructural sostengo que el acontecimiento artístico no está en el objeto ni en la intención del autor, sino en una reorganización del campo de lo posible que un sistema receptor registra. Y que esa reorganización, para actualizarse como arte en sentido pleno, necesita un campo de recepción donde pueda ser percibida, interpretada y reconocida. Pues bien: ese campo de recepción es hoy, cada vez más, una infraestructura algorítmica. Lo que se vuelve visible, lo que alcanza umbral de exposición, lo que un sistema puede recuperar o generar, está mediado por arquitecturas que deciden, sin decirlo, qué entra en el campo de lo posible y qué no.

La consecuencia es seria. Una obra puede producir excedente —reorganizar efectivamente el campo de lo posible— y no actualizarse nunca como arte reconocido, no porque le falte mérito, sino porque la infraestructura que gobierna su visibilidad la mantuvo bajo el umbral, fuera del dataset, dentro de la burbuja equivocada. La ignorancia infraestructural no destruye el excedente. Hace algo más perverso: lo vuelve improbable de encontrar. Lo deja existiendo en una zona de invisibilidad práctica donde, a efectos del campo de recepción, es como si no ocurriera.

Esto enlaza con lo que sostuve en los textos anteriores de la serie. Si el aparato de validación crítica produce la experiencia más que reflejarla, si la lógica financiera reorganiza qué obra se ve, ahora hay que añadir una capa más: la infraestructura algorítmica decide la probabilidad misma de aparición. No censura. Configura el umbral. Y un excedente que no alcanza umbral de visibilidad queda, para el sistema, en la misma situación que un excedente que no existe.

4. Lo que esto no es

Tres lecturas conviene desactivar antes de cerrar.

No es una teoría de la conspiración. No sostengo que alguien decida deliberadamente qué arte ocultar. La ignorancia infraestructural opera la mayor parte del tiempo sin intención: es efecto de un diseño orientado a otra cosa —engagement, predicción, capacidad comercial—, no de un plan para suprimir. Eso la hace más difícil de combatir, no menos: no hay un culpable a quien señalar, solo una arquitectura que produce el efecto como subproducto.

No es nostalgia de un mundo sin mediación. Toda visibilidad ha estado siempre mediada: por la imprenta, por las galerías, por la crítica, por los museos. No reclamo un acceso puro a un arte sin filtros, que nunca existió. La pregunta no es cómo eliminar la mediación, sino qué tipo de mediación favorece la aparición de lo nuevo y qué tipo la vuelve improbable.

No es determinismo. Que la infraestructura configure el umbral no significa que lo decida todo. Sigue habiendo excedente que se abre paso, obra que aparece contra la lógica del sistema, reorganizaciones que el algoritmo no previó. Pero conviene no confundir la excepción con la regla: que algo se abra paso a pesar del sistema no prueba que el sistema sea neutral. Prueba lo contrario.

5. Dónde queda la responsabilidad

La conclusión es la misma que recorre toda la serie, y por eso este texto la cierra. Si la ignorancia se produce infraestructuralmente, entonces la responsabilidad ética no está principalmente en el usuario que no busca bien, ni en el artista que no se promociona, ni en el espectador que no encuentra. Está en quienes diseñan, financian y operan las arquitecturas que deciden qué se vuelve probable y qué se vuelve improbable de aparecer.

Pedir al individuo que escape de su burbuja, que encuentre lo que el sistema entierra, que vea lo que la arquitectura vuelve invisible, es desplazar hacia él una responsabilidad que no está a su alcance, igual que pedir sostenibilidad individual frente a un problema de diseño industrial. La palanca decisiva está en otra parte: en la composición de los datasets, en los criterios de ranking, en las arquitecturas de visibilidad, en los marcos que regulan todo lo anterior. Intervenir ahí es intervenir en las condiciones mismas bajo las que un excedente puede aparecer o quedar sepultado.

La pregunta que conviene sostener frente a cualquier sistema de visibilidad no es qué me muestra. Es qué vuelve improbable que yo vea, y quién ha decidido ese umbral. Porque lo que no alcanza a aparecer no por ello deja de existir: simplemente ocurre en otro lugar, fuera del campo que la infraestructura ilumina, y a veces invisible para él.

Sobre la conversación abierta

Con este texto cierro la serie sobre infraestructuras digitales y culturales que vengo publicando en este Cuaderno público: sostenibilidad y consumo ético, validación institucional, desplazamiento del valor del trabajo cultural, distribución geográfica del poder cultural, financiarización del mercado, y ahora producción infraestructural de la ignorancia. Las seis comparten una tesis de fondo: en los sistemas contemporáneos, lo decisivo no es la conducta individual sino el diseño infraestructural, y la responsabilidad ética se distribuye proporcionalmente al poder de quienes diseñan y operan esos sistemas.

Si alguien quiere intervenir desde la sociología de los algoritmos, los estudios de plataformas, la economía política de la información o la experiencia profesional en el sector, este cuaderno sigue abierto.

Fuentes

Proctor, Robert N., y Londa Schiebinger (eds.). Agnotology: The Making and Unmaking of Ignorance. Stanford University Press, 2008.

Pariser, Eli. The Filter Bubble: What the Internet Is Hiding from You. Penguin Press, 2011.

Golebiewski, Michael, y danah boyd. Data Voids: Where Missing Data Can Easily Be Exploited. Data & Society, 2019. https://datasociety.net/library/data-voids/

Esteban Ruiz, J. A. Art as Structural Surplus: Toward a Relational Ontology Beyond Human Authorship. PhilArchive y Zenodo, 2026.

Esteban Ruiz, J. A. El precio del modelo y Quién entrena el mundo. Cuaderno público en juanesteban.art, 2026.

Serie · Infraestructuras

Esta pieza forma parte de una serie de seis textos sobre lo que los sistemas digitales y culturales hacen con el arte. Comparten una tesis: en los sistemas contemporáneos, lo decisivo no es la conducta individual sino el diseño infraestructural. La serie empieza por lo que esos sistemas hacen capturando y termina por lo que hacen no mostrando.

  1. Tecnología de masas y consumo ético
  2. Cuando el marco pinta el cuadro
  3. El precio del modelo
  4. Quién entrena el mundo
  5. El arte como activo
  6. Lo que el sistema vuelve improbable

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