El 29 de septiembre de 2026 el Tribunal de Apelaciones del Tercer Circuito de Estados Unidos confirmó una sentencia parcial favorable a Thomson Reuters frente a ROSS Intelligence. ROSS había utilizado resúmenes jurídicos redactados por los editores de Westlaw para preparar datos con los que entrenó su propio buscador legal basado en inteligencia artificial.
El tribunal concluyó que los 2.243 resúmenes examinados en la sentencia parcial tenían la originalidad mínima necesaria para quedar protegidos y que el uso no estaba amparado por el fair use, la doctrina estadounidense que permite determinados usos de obras protegidas sin autorización.
La opinión se presentó inicialmente bajo reserva para que las partes propusieran posibles tachaduras. La versión pública y precedente, firmada por la magistrada Tamika Montgomery-Reeves, está disponible en el archivo oficial del tribunal.
Westlaw publica resoluciones judiciales, que no pertenecen a Thomson Reuters, junto a materiales editoriales propios. Entre ellos están los headnotes: resúmenes breves que identifican y formulan puntos jurídicos relevantes de cada resolución y enlazan con el pasaje correspondiente.
ROSS quería construir un buscador capaz de responder a preguntas jurídicas formuladas en lenguaje ordinario. Para entrenarlo contrató a LegalEase Solutions, que produjo unos 25.000 memorandos con una pregunta y varios pasajes de resoluciones clasificados según su pertinencia. Quienes redactaban esos memorandos utilizaron miles de headnotes de Westlaw para formular las preguntas. ROSS no discutió en la apelación que esa actuación pudiera atribuírsele ni que los headnotes hubieran sido copiados.
La primera instancia comparó los textos y concedió sentencia parcial respecto de 2.243 headnotes: las preguntas de los memorandos se parecían estrechamente a esos resúmenes, pero no al texto de las resoluciones judiciales subyacentes. La apelación confirmó esa decisión.
El tribunal analizó los cuatro factores legales del fair use. No basó el resultado en una regla según la cual entrenar inteligencia artificial con obras protegidas sea siempre ilícito.
El primer factor, la finalidad y el carácter del uso, pesó contra ROSS. El uso era comercial y, según el tribunal, mínimamente transformador en el mejor de los casos. Westlaw empleaba sus resúmenes para ayudar a localizar y comprender resoluciones; ROSS los utilizó para entrenar una plataforma destinada también a encontrar pasajes jurídicos pertinentes. La fase intermedia de entrenamiento introducía cierta diferencia, pero ambos usos compartían sustancialmente la misma finalidad y ROSS aspiraba a sustituir a Westlaw en el mismo mercado.
El segundo factor, la naturaleza de la obra, favoreció ligeramente a ROSS. Los resúmenes estaban publicados y, aunque contenían decisiones editoriales suficientes para ser originales, tenían un carácter más factual que ficticio porque debían describir con precisión resoluciones judiciales.
El tercer factor, la cantidad y relevancia de lo copiado, volvió a pesar contra ROSS. La empresa alegó que los materiales representaban solo el 0,08 % de los aproximadamente veintiocho millones de resúmenes de Thomson Reuters. El tribunal respondió que cada headnote era una obra protegida y que se había copiado entero. Además, esa copia no era necesaria: ROSS tenía acceso a unos diez millones de resoluciones judiciales no protegidas y podía haber creado desde ellas sus materiales de entrenamiento. Lo fácil no equivalía a lo necesario.
El cuarto factor, el efecto sobre el mercado, también favoreció a Thomson Reuters. ROSS utilizó los resúmenes para construir una herramienta sustitutiva en el mercado de la investigación jurídica. El tribunal consideró además un mercado derivado en desarrollo: la licencia de esos materiales como datos de entrenamiento. Thomson Reuters ya utilizaba sus resúmenes para entrenar productos propios, y la copia no autorizada privaba a la empresa de la oportunidad de licenciar ese uso.
ROSS invocó el interés público en ampliar el acceso al derecho. El tribunal señaló que las resoluciones judiciales subyacentes eran de libre acceso y que ROSS ofrecía su servicio a precios comparables con los de Westlaw. Tampoco encontró prueba que conectara esta herramienta concreta con los argumentos generales de seguridad nacional que ROSS planteó sobre la inteligencia artificial.
El balance fue, por tanto, desigual: el segundo factor favorecía ligeramente a ROSS; el primero, el tercero y el cuarto pesaban en su contra. Considerados en conjunto, el uso no era legítimo.
ROSS no desarrollaba una inteligencia artificial generativa. Su sistema no creaba expresión nueva: devolvía pasajes ya existentes de resoluciones judiciales. El propio Tercer Circuito distinguió este caso de los litigios sobre grandes modelos capaces de generar respuestas originales.
La opinión menciona expresamente decisiones de primera instancia sobre modelos generativos y un escrito presentado por el Departamento de Justicia en otro litigio. Según el tribunal, las razones invocadas allí no resolvían este caso: ROSS entrenó su sistema para crear un sustituto comercial de Westlaw y la prueba disponible conducía a una conclusión distinta sobre la transformación del uso.
La sentencia tampoco establece que toda competencia vuelva ilícito un uso. La competencia sustitutiva pesó dentro de un análisis más amplio: finalidad similar, carácter comercial, copia completa de cada resumen, existencia de alternativas no protegidas y daño al mercado original y al posible mercado de licencias.
La apelación era interlocutoria y confirma una sentencia parcial. Resuelve la originalidad de los 2.243 resúmenes examinados y rechaza la defensa de fair use. No fija todavía la indemnización ni cierra todo el procedimiento de primera instancia. Allí puede quedar, entre otras cuestiones, determinar si algunos derechos habían expirado y resolver las consecuencias de la infracción.
En mi interpretación, el elemento más trasladable no es que hubiera inteligencia artificial, sino la relación entre la fuente y el producto construido con ella. ROSS no utilizó los resúmenes para una finalidad alejada de la investigación jurídica: los empleó para entrenar una herramienta que aspiraba a reemplazar al servicio del que procedían.
Esa lógica puede aparecer en los pleitos sobre IA generativa cuando los demandantes alegan que los resultados sustituyen a las obras o a los servicios de los que se extrajeron los datos. Pero la opinión advierte también del límite de la comparación. Un modelo que genera expresión nueva puede presentar un grado de transformación y unos efectos de mercado distintos. Habrá que probarlos en cada caso.
En Europa, la pregunta se articula mediante otras normas: las excepciones de minería de textos y datos, las reservas de derechos y las obligaciones aplicables a los proveedores de modelos. La guía «Inteligencia artificial y derechos de autor en Europa» desarrolla ese marco.
Sobre la conversación abierta
Este texto continúa la línea del Cuaderno sobre inteligencia artificial, derechos de autor y datos de entrenamiento. Parte de la sentencia del Tribunal de Apelaciones del Tercer Circuito y de la resolución de primera instancia. Distingue lo decidido en este litigio de las preguntas todavía abiertas sobre sistemas generativos. Si trabajas en propiedad intelectual, investigación jurídica o desarrollo de sistemas de inteligencia artificial y puedes corregir o matizar esta lectura, escríbeme.
