Ilustración minimalista en tonos papiro cálido y grafito, vista en perspectiva oblicua. Un objeto ceremonial poligonal, a modo de monolito abstracto sobre una peana baja, proyecta una sombra alargada que cruza el suelo en diagonal hacia una vitrina vacía que se aleja al fondo, sugiriendo un objeto que ha viajado entre dos lugares y carga con su historia. El suelo se aleja hacia un punto de fuga bajo.

Cuaderno público

Lo que vuelve

En los últimos años hemos visto algo que parecía impensable hace una generación: objetos que regresan. En 2021 Francia devolvió a Benín veintiséis obras del tesoro real de Abomey, tomadas como botín en 1892. En 2022 Alemania firmó la transferencia a Nigeria de los mil ciento treinta Bronces de Benín identificados en sus museos públicos, y las primeras piezas volaron a Abuja en diciembre de ese año. Los mármoles del Partenón siguen en Londres, pero incluso ahí, donde una ley de 1963 impide al British Museum desprenderse de sus fondos, se habla ya de préstamos y asociaciones que hace veinte años nadie habría formulado en voz alta.

Sobre si estos objetos deben volver hay un debate político y moral intenso, y no es el que quiero abrir aquí. Me interesa una pregunta previa, más callada, que el gesto de la devolución deja al descubierto y casi nadie formula: qué es, exactamente, lo que vuelve. Porque damos por hecho que el objeto que regresa es el mismo que fue tomado, y no estoy seguro de que lo sea.

Un bronce de Benín se fundió para un altar real, para cumplir una función en una corte y un culto. Durante más de un siglo en una vitrina europea no fue eso: fue pieza etnográfica, después obra maestra del arte africano, después símbolo de un expolio y de una deuda. Cuando vuelve a Nigeria, no vuelve a ser lo que era. La corte para la que se hizo ya no existe en la forma que lo hizo necesario; el mundo que le daba sentido no está esperándolo intacto al otro lado del viaje. Vuelve, pero vuelve a otro sitio, y sobre todo vuelve siendo otra cosa: ahora es también el objeto que estuvo fuera y regresó. Esa historia —la de haber sido arrancado y devuelto— se le ha quedado adherida y ya no se le puede quitar.

Esto no es un argumento contra la restitución. Es lo contrario de un argumento: es notar que la pregunta “¿es el mismo objeto?” no tiene una respuesta física. Materialmente, sí, es el mismo bronce, los mismos átomos que salieron de Benín. Pero un objeto cultural no es solo su materia, como un cuadro no es solo su tela. Es la materia más la red de sentido que lo sostiene: para qué se hizo, quién lo reconoce, qué historia arrastra, en qué relato se inscribe. Y esa red ha cambiado por completo. El objeto que vuelve carga con todo lo que le pasó mientras estaba fuera, y eso lo ha transformado sin tocar un solo gramo de su materia.

Hay un argumento clásico que se apoya justo en esta ambigüedad para defender que los objetos se queden donde están. Lo formularon dieciocho grandes museos del mundo en 2002, en una declaración sobre “la importancia y el valor de los museos universales”: las grandes colecciones —dicen— sirven no a los ciudadanos de una nación, sino a los de todas; un objeto en el Louvre o en el British Museum pertenece a un patrimonio de la humanidad y desde ahí es accesible a cualquiera. El objeto, en esta lógica, ya no es de Benín ni de Grecia: es del mundo, y el museo enciclopédico es su casa legítima. Es un argumento serio, y también interesado, y las dos cosas a la vez. Serio porque es verdad que el objeto, al circular, se cargó de sentidos que no tenía en su altar de origen. Interesado porque quien lo esgrime es, casualmente, quien tiene el objeto.

Pero fíjense en lo que ese argumento concede sin querer, y que es mi punto: admite que el objeto ya no es el que era. Que su paso por el mundo lo transformó, que hoy significa cosas que no significaba, que es “de la humanidad” precisamente porque dejó de ser solo lo que fue. Los partidarios de retener y los partidarios de devolver coinciden, sin darse cuenta, en una misma premisa: que el objeto cambió. Discrepan sobre qué hacer con ese cambio, no sobre si ocurrió.

Y ahí es donde la restitución dice algo que va más allá de la logística de mover cajas. Devolver un objeto no es rebobinar la historia hasta antes del expolio, como si el tiempo intermedio no hubiera existido. Eso es imposible: el siglo en la vitrina pasó, y pasó de verdad. Devolver es otra cosa, más difícil y más honesta: es reconocer que el objeto tiene ahora una biografía más larga y más herida, que incluye el arrancamiento y el retorno, y decidir que esa biografía continúe en el lugar del que salió en vez de en el lugar que lo tomó. No se restaura un estado anterior. Se elige dónde sigue ocurriendo la historia del objeto de aquí en adelante.

Por eso lo que vuelve nunca es lo que se fue, y no pasa nada, porque tampoco lo que se quedó es lo que era. Ningún objeto atraviesa un siglo de historia sin que la historia lo atraviese a él. Lo que la restitución pone sobre la mesa, más allá de la justicia o la reparación, es una verdad sobre los objetos que solemos olvidar ante cualquier obra en cualquier sala: que no son cosas quietas con una identidad fija, sino nudos de sentido que el tiempo no deja de reanudar. Un objeto es, también, todo lo que le ha pasado. Y a veces lo que le ha pasado es haberse ido y haber vuelto.

Sobre la conversación abierta

Este texto continúa mi interés por la ontología del objeto artístico: qué es una obra más allá de su materia, y cómo el tiempo y la circulación la transforman sin tocarla. La restitución me sirve aquí como caso límite de una pregunta más amplia sobre la identidad de la obra. He evitado a propósito tomar partido en el debate político sobre cada disputa concreta. Si alguien quiere intervenir desde la museología, el derecho del patrimonio, los estudios poscoloniales o la filosofía del arte, este cuaderno sigue abierto.

Fuentes

Sarr, Felwine y Bénédicte Savoy. Rapport sur la restitution du patrimoine culturel africain. Vers une nouvelle éthique relationnelle. Ministère de la Culture, Francia, noviembre de 2018.

Ministerio Federal de Asuntos Exteriores de Alemania. Joint Declaration on the Return of Benin Bronzes and Bilateral Museum Cooperation, 1 de julio de 2022.

Musée du Quai Branly-Jacques Chirac. “Restitution de 26 œuvres à la République du Bénin”, 2021.

British Museum Act 1963, sección 5 (legislation.gov.uk); House of Lords Library, “Elgin Marbles: UK government assessment of loaning the sculptures to Greece”, 11 de diciembre de 2023.

“Declaration on the Importance and Value of Universal Museums” (2002).

Cuno, James. “Culture War: The Case Against Repatriating Museum Artifacts”. Foreign Affairs 93(6), 2014.

Appiah, Kwame Anthony. “Whose Culture Is It, Anyway?”, en Cosmopolitanism: Ethics in a World of Strangers, 2006.


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