Ilustración en tonos papiro y grafito, de estética poligonal. Una sala de museo contiene una mesa con la maqueta de una exposición; algunos taburetes están cerca y otros apartados.

Cuaderno público

Jóvenes en los museos: participación real o consulta decorativa

Cuando un museo dice que un proyecto se ha hecho «con jóvenes», puede referirse a una encuesta, una prueba de actividad, la producción de contenidos, una exposición o la intervención en decisiones. Usar participación o cocreación para todas esas situaciones oculta diferencias de poder, autoría y continuidad.

Escribo desde la mediación cultural, uno de los campos de trabajo de Kripties Fundación. Esa experiencia permite reconocer la distancia entre lo que se anuncia y lo que se decide, pero no se presenta aquí como modelo ni se le atribuyen resultados no documentados.

No hay una sola escala

Puede ser útil distinguir cinco posiciones:

  • Consulta: la institución pregunta y conserva la decisión.
  • Prueba: el grupo ensaya una actividad ya diseñada y puede modificarla.
  • Producción: crea contenidos dentro de un marco fijado por otros.
  • Exhibición: su trabajo se selecciona y muestra.
  • Decisión: interviene en objetivos, programa, recursos o evaluación.

No son pasos obligatorios ni una jerarquía moral. Una consulta puede estar bien diseñada y una supuesta cocreación puede ser opaca. La clasificación obliga a declarar el alcance.

Ser oído y saber qué ocurrió

La herramienta de evaluación de la participación infantil del Consejo de Europa se apoya en la recomendación de 2012 sobre menores de dieciocho años. Propone diez indicadores y entiende la participación como el derecho a ser escuchado y tomado en serio.

Ser tomado en serio no significa que toda propuesta deba aceptarse. Exige condiciones comprensibles, devolución y posibilidad de saber qué efecto tuvo la intervención. La herramienta está pensada para Estados y administraciones; trasladarla a un museo requiere adaptación.

Rompepuertas: residencia, formación y producción

Rompepuertas es un equipo de acción y participación cultural de los museos municipales de Zaragoza. La convocatoria 2025-2026 reunió a veinticinco jóvenes de dieciséis a veintiún años, con noventa horas de formación, compensación económica y participación en actividades vinculadas a la Noche en Blanco.

La documentación municipal afirma que el grupo formula propuestas y desarrolla iniciativas artísticas o creativas. El artículo académico de Almudena Caso describe dos cursos: uno de formación interdisciplinar y otro de planificación y ejecución, con un papel central en el Festival Rompepuertas–Noche en Blanco.

Lo que el caso no permite saber

Las fuentes disponibles no detallan qué presupuesto controla el grupo, qué propuestas fueron rechazadas, cómo se resuelven desacuerdos ni qué decisiones siguen reservadas a la institución. El artículo académico valora favorablemente el programa y su autora está vinculada a su estudio; no constituye una evaluación externa de impacto.

Además, parte de los participantes son mayores de edad. El caso sirve para estudiar participación juvenil, no exclusivamente participación infantil.

Del aula al museo: mostrar no es gobernar

La Fundación Juan March presentó en 2026 Del aula al museo, una selección de trabajos realizados por alumnado de distintas etapas y otros colectivos entre 2019 y 2026. Las obras proceden de actividades iniciadas en el aula con maletas didácticas y de talleres posteriores a visitas al Museo de Arte Abstracto Español.

La página institucional documenta producción, selección y exhibición. No indica que el alumnado decidiera la selección final, el presupuesto o el programa. Por eso es un precedente de continuidad educativa y reconocimiento público, no una prueba de cocuraduría.

Dos formas de reconocimiento

Exhibir una obra puede reconocer la producción de quien la hizo. Compartir decisiones reconoce su capacidad de intervenir en la institución. Ambas cosas son relevantes, pero no intercambiables.

La distinción también afecta al crédito: autoría de las obras, diseño de actividades, mediación, selección y coordinación son trabajos distintos. Un proyecto debería nombrar qué hizo cada parte.

Cinco preguntas

  • ¿Qué podía decidir el grupo y qué quedaba fuera?
  • ¿Dispuso de tiempo, información y algún recurso para hacerlo?
  • ¿Qué ocurrió con las propuestas no aceptadas?
  • ¿Cómo se reconocieron autoría y trabajo?
  • ¿Hubo devolución y continuidad después de la actividad?

Estas preguntas no convierten automáticamente un proyecto en participación efectiva. Permiten describirlo sin inflar su alcance.

Participar también puede ser negarse

Una participación ética no debería depender de aparecer en fotografías, publicar datos o aceptar una exposición. Debe existir una alternativa para quien no quiera asumir esas condiciones y una explicación clara del uso de los materiales producidos.

Cuando se exponen obras de menores, la guía Cómo exponer o publicar obras de niños y adolescentes separa autoría, datos, imagen y autorizaciones.

Sobre la conversación abierta

Sería útil conocer proyectos que documenten no solo lo que los jóvenes produjeron, sino qué decisiones recibieron, qué límites encontraron y cómo respondió la institución al desacuerdo. También faltan evaluaciones independientes sobre continuidad, crédito y distribución de recursos.

Si has participado, coordinado o evaluado un programa de este tipo, escríbeme. Interesan especialmente las experiencias que puedan explicar qué se decidió y no solo mostrar el resultado final. Los testimonios individuales se tratarán como experiencias situadas, no como prueba de impacto general.

Relación del autor con los casos

Soy presidente de Kripties Fundación, que trabaja, entre otros campos, en mediación cultural e inclusión a través del arte. No tengo relación económica, profesional ni de colección con los museos municipales de Zaragoza ni con la Fundación Juan March.

Fuentes


Descubre más desde Juan A. Esteban

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Español English (UK)