Una casa de Mar del Plata se pone a la venta. La inmobiliaria fotografía las habitaciones y publica las imágenes en internet y, en una de ellas, aparece colgado sobre un sofá verde un retrato antiguo de una dama. Era fácil que pasara inadvertido para quien estuviera mirando la casa, pero periodistas neerlandeses que investigaban el posible paradero de obras expoliadas durante la ocupación nazi de los Países Bajos lo relacionaron con una pintura desaparecida desde 1940.
El cuadro había pertenecido a Jacques Goudstikker, un destacado marchante de arte neerlandés y judío que murió en 1940 mientras huía de la invasión alemana. Su colección, integrada por más de mil obras, fue objeto de operaciones de expolio y transferencia forzada en torno a Hermann Göring y al banquero Alois Miedl. Numerosas piezas se han recuperado mediante archivos, comisiones, investigaciones históricas y estudios de procedencia. Este retrato permanecía fuera de la mirada pública hasta que el diario neerlandés Algemeen Dagblad lo reconoció al fondo de las fotografías de un anuncio inmobiliario.
Durante décadas la obra figuró como un retrato de Giuseppe Ghislandi. En enero de 2026, especialistas de la Academia Nacional de Bellas Artes argentina concluyeron que podría atribuirse a Giacomo Antonio Melchiorre Ceruti, conocido como Il Pitocchetto. El título de este artículo sigue esa atribución pericial, con la cautela que exige.
Durante más de ochenta años el aparato de la restitución permitió conservar y reconstruir la identidad y la procedencia del cuadro pero no localizarlo. La pista física apareció en una infraestructura incomparablemente más banal: el escaparate digital de una casa en venta. La investigación aportó la mirada entrenada; el portal abrió involuntariamente la habitación. Una imagen tomada para vender un inmueble, en la que el cuadro aparecía como el sofá o la lámpara, permitió que alguien supiera qué estaba mirando.
Han cambiado las condiciones de la visibilidad. Mantener un objeto fuera de la mirada pública fue durante mucho tiempo relativamente fácil: bastaba con tenerlo en una casa privada. Un cuadro colgado en un salón podía pasar de generación en generación sin entrar en el campo de visión de nadie capaz de relacionarlo con los registros de una obra desaparecida.
Esa condición se ha erosionado porque una parte creciente de la vida privada acaba fotografiada y publicada. Vender una casa exige enseñarla; enseñarla hoy suele significar poner sus habitaciones en internet. Durante ese proceso, las paredes y cuanto cuelga de ellas quedan accesibles a miradas para las que el fondo de la imagen puede ser el dato principal. Una operación ajena a la historia del cuadro abrió la puerta durante un instante. Ese instante bastó para localizarlo.
Un año entre la foto y el juzgado
La fotografía hizo visible la obra; recuperarla llevó un año de investigación. Cuando la vivienda fue allanada el 26 de agosto de 2025, el retrato ya no estaba en la pared. La pintura fue recuperada el 3 de septiembre cuando el abogado de las personas investigadas la entregó a la fiscalía. Después quedó bajo resguardo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación mientras se determinaba a quién correspondía su entrega definitiva.
El 4 de septiembre de 2026 el juez federal de Garantías de Mar del Plata, Santiago Inchausti, homologó una suspensión del proceso a prueba. Patricia Kadgien y Juan Carlos Cortegoso renunciaron a cualquier derecho o acción sobre la obra y aceptaron que fuera restituida a Marei von Saher, nuera y heredera de Goudstikker. La causa penal quedó suspendida durante dos años, sujeta al cumplimiento de las condiciones acordadas, sin absolución ni condena.
La restitución jurídica está ordenada pero la entrega física no consta consumada. A 1 de octubre de 2026, la información oficial más reciente seguía situando el cuadro bajo custodia de la Corte Suprema a la espera de que se estableciera el mecanismo de entrega a Marei von Saher. Algunas noticias emplearon «restitución» o «entrega» para describir el acuerdo alcanzado en la audiencia, aunque señalaron al mismo tiempo que la pintura continuaba bajo custodia judicial. No he localizado una comunicación posterior de la Corte, la fiscalía o la representación de la heredera que confirme su recepción material.
La imagen del anuncio no resolvió nada por sí sola. Encendió la luz sobre lo que llevaba décadas fuera del campo público. A partir de ahí hicieron falta la investigación periodística, las comunicaciones de INTERPOL Argentina y la Dirección General de Aduanas, los allanamientos, la entrega a la fiscalía, el peritaje, la reclamación de la heredera y la resolución judicial.
La fragilidad de lo oculto
El caso ha cambiado la facilidad con que un objeto privado puede hacerse visible. Lo que antes podía permanecer durante generaciones en una pared queda expuesto a que una fotografía tomada con otro fin lo incorpore incidentalmente a la red.
La opacidad de lo privado se ha vuelto más frágil. Basta con que el objeto aparezca al fondo de una imagen y con que alguien capaz de reconocerlo la encuentre. Aquí esa combinación favoreció la reparación de un expolio. La misma infraestructura expone también espacios, personas y objetos que no forman parte de ninguna injusticia histórica.
La visibilidad digital no distingue entre lo que debe salir a la luz y lo que merece permanecer fuera de ella. El retrato atribuido a Ceruti ofrece la versión reparadora de esa propiedad: una operación corriente, la venta de una casa, deshizo más de ochenta años de invisibilidad. Pero la fotografía solo inició el proceso, y la entrega aún no consta completada. Ver no es todavía recuperar.
Sobre la conversación abierta
Este texto continúa la línea del Cuaderno sobre restitución y sobre las condiciones en que una obra perdida vuelve a ser visible. Parte de la localización de un retrato de la colección expoliada de Jacques Goudstikker en 2025 y de la restitución ordenada por la justicia argentina en septiembre de 2026, y se centra en la operación que hizo posible encontrarlo: una fotografía publicada para vender una casa. Si trabajas en investigación de procedencias, estudios visuales o derecho del patrimonio y puedes aportar documentación posterior sobre la entrega, este cuaderno sigue abierto.
