El extranjero, de Albert Camus, empieza con una de las frases más famosas de la literatura del siglo XX: «Aujourd’hui, maman est morte.» Cuatro palabras en francés. Y en ellas, en una sola de ellas, hay un problema de traducción que lleva ochenta años sin cerrarse del todo y que dice más sobre qué es una obra de lo que parece.
La palabra en cuestión es maman. En español la traducimos casi sin pensar por “mamá”, y acertamos, porque compartimos el registro: maman es la forma con que un francés, de niño y también de adulto, llama a su madre con afecto y familiaridad. No es el neutro y algo distante mère, “madre”, ni el infantil de una sola etapa. Es la palabra tibia, la de la intimidad, que un hombre adulto puede seguir usando sin que suene raro. El problema apareció al pasar la frase al inglés, que no tiene un maman equivalente. Y ahí empezó una historia larga.
La primera traducción inglesa, de Stuart Gilbert, en 1946, tradujo la frase como “Mother died today”: “Madre murió hoy”. Mother es correcto, designa a la madre, no es un error. Pero es la palabra formal, la distante, la que un inglés no usa para dirigirse con cariño a su madre. Y durante más de cuarenta años, los lectores anglosajones entraron en la novela por esa puerta fría. Otras traducciones posteriores, en los años ochenta, mantuvieron “Mother”. Hasta que en 1988 Matthew Ward hizo algo distinto: dejó la palabra en francés. “Maman died today.” Renunció a traducirla, porque ninguna palabra inglesa servía, y prefirió conservar el término original antes que falsear su temperatura.
La crítica ha señalado, y con razón, que la elección entre Mother y Maman cambia cómo suena el protagonista desde la primera línea. Meursault, el narrador, es un hombre que no expresa sus sentimientos como se espera de él, y a quien al final del libro juzgan y condenan tanto por un crimen como por no haber llorado en el entierro de su madre. Si el lector entra leyendo “Mother died today”, con esa frialdad formal, empieza a juzgar a Meursault como un ser distante ya en la primera frase. Si entra leyendo “Maman”, con su carga de afecto, la distancia inicial es otra, y quizá también su veredicto sobre el personaje. Una sola palabra calibra desde qué temperatura afectiva conocemos a alguien.
Ahora bien, no hay que exagerar aunque es tentador. No es verdad que “Mother” arruinara la novela durante cuarenta años, ni que una palabra cambie por sí sola todo un libro. El carácter de Meursault se construye con muchas cosas: su manera seca de narrar, sus actos, su indiferencia aparente, el juicio final. La primera palabra no determina la lectura, la entona. Y tampoco Gilbert “tradujo mal”: tomó una decisión de registro que empobrecía el afecto pero no falseaba el significado. Lo que hizo Ward no fue corregir un error, fue elegir otra cosa: sacrificar la naturalidad (una palabra francesa incrustada en una frase inglesa suena rara, extranjera) a cambio de conservar la temperatura. Ganó calidez y perdió fluidez. No hay traducción sin ese tipo de renuncia.
Ese es el fondo del asunto y excede a Camus. ¿Es El extranjero en inglés la misma obra que L’Étranger en francés? En cuanto al argumento, sí: pasa lo mismo, muere la madre, hay un crimen, hay un juicio. Pero hay una capa de la obra, el tono, la temperatura exacta de cada palabra, la distancia afectiva desde la que se narra que no se puede trasladar intacta porque depende de resonancias que cada lengua tiene, y otras no. Maman lleva ochenta años de intimidad francesa que mother no lleva en inglés. Se puede aproximar, rodear, compensar. No se puede copiar. Y esa capa no es un adorno: en una novela sobre un hombre al que condenan por su temperatura emocional, la temperatura de las palabras es casi todo.
Así que la pregunta de si una obra traducida es la misma obra no tiene una respuesta única y la frase de Camus lo demuestra mejor que cualquier teoría. Es la misma en lo que se puede transferir, el qué pasa, y es otra en lo que no, el cómo suena. Cada traducción es una versión que salva lo transferible y negocia lo demás, palabra por palabra, perdiendo aquí para ganar allá. Cuando leemos a Camus en español o en inglés, leemos su novela y a la vez una interpretación de ella, la que un traductor decidió en cada punto donde las lenguas no coincidían. La obra que creemos leer es también, siempre, la que alguien eligió por nosotros al no poder decir maman en nuestro idioma.
Sobre la conversación abierta
Este texto parte de un caso verificado, la primera frase de El extranjero de Camus y sus distintas traducciones al inglés (Gilbert, 1946, “Mother”; Ward, 1988, “Maman”), para preguntar si una obra traducida es la misma obra. Sostengo que lo transferible (el argumento) se conserva y que el tono, la temperatura afectiva de cada palabra, no se traslada intacto. Distingo el hecho (las traducciones, sus fechas) de la interpretación crítica, y evito dos exageraciones: que “Mother” sea un error, y que una sola palabra determine la lectura de toda la novela. Es el primer texto de este cuaderno sobre traducción, un terreno que quiero explorar. Si alguien quiere intervenir desde la traductología, la literatura comparada o la teoría de la obra, este cuaderno sigue abierto.
Fuentes
Albert Camus, L’Étranger (Gallimard, 1942): «Aujourd’hui, maman est morte.»
Traducciones al inglés: Stuart Gilbert (1946, «Mother died today»); Joseph Laredo y Kate Griffith (1982, «Mother»); Matthew Ward (1988 / Vintage 1989, «Maman died today»); Sandra Smith (2012, «My mother died today»).
Análisis traductológico: Jonathan Kaplansky, «Outside The Stranger? English Retranslations of Camus’ L’Étranger» (Palimpsestes); Debora Ross, «“Maman” or “Mother”: Word Choice in Translations of Camus’ L’Étranger» (Simon Fraser University); entrevista a Matthew Ward, The New York Times, 18 de abril de 1988.
Sobre «maman»: Académie française y TLFi (CNRTL). Sobre Meursault: prefacio de Camus de 1955 a una edición estadounidense.
