En octubre de 2022 la National Gallery of Art de Washington anunció que uno de sus Vermeer no era un Vermeer. La pintura, Muchacha con flauta, un panel pequeño de una joven con un sombrero extravagante que llevaba décadas catalogada, con cautela, como obra del maestro de Delft. Tras años de análisis técnico el museo concluyó que la había pintado alguien de su entorno, un colaborador del taller, y cambió la ficha: hoy figura como obra del taller de Johannes Vermeer, y Vermeer aparece solo como artista relacionado. No identificaron a quien sí la pintó. Solo a quien no.
Pocas semanas después el Rijksmuseum de Ámsterdam anunció la lista de obras de su gran retrospectiva de Vermeer, la exposición que reunió veintiocho de las poco más de treinta pinturas que se le atribuyen. Y ahí estaba Muchacha con flauta incluida sin matices en la relación de obras de Johannes Vermeer. El museo neerlandés no puso “atribuida a”, ni “taller de”, ni un interrogante. La listó como un Vermeer.
Preguntado por la contradicción, el responsable de pintura del Rijksmuseum y comisario de la muestra, Pieter Roelofs, respondió con una gran frase. Dijo que en Ámsterdam veían las cosas de otra manera que en Washington, que la pintura se les prestaba como “no-Vermeer” pero que ellos la colgarían como Vermeer, y remató: la duda desaparecerá durante el vuelo sobre el océano. El cuadro cruzó el Atlántico dejando de ser una cosa y llegando siendo otra, sin que nadie lo tocara.
Lo interesante no es la anécdota aunque tenga gracia. Es que este caso se parece a otros de atribución dudosa y en realidad es lo contrario. Cuando un museo no sabe si una escultura es antigua o falsa, el problema es la falta de pruebas: no hay datos que permitan decidir. Aquí sobran los datos. La National Gallery hizo un estudio técnico exhaustivo, comparó la pintura con otra hermana de su propia colección, examinó pigmentos, capas, pincelada, y publicó los resultados en una revista científica revisada por pares. La conclusión fue que quien pintó ese cuadro conocía íntimamente los métodos de Vermeer y usaba sus mismos materiales, pero no alcanzaba su nivel de delicadeza y destreza. La mano era la de alguien formado en el taller, no la del maestro.
Y con esas mismas pruebas encima de la mesa, el otro museo mantuvo la atribución. La razón que dio Roelofs es más fina de lo que parece: la National Gallery había llegado a su conclusión con el conocimiento y las comparaciones de que disponía, que eran las de su propia colección, y el Rijksmuseum, que estaba reuniendo casi todos los Vermeer del mundo, podía comparar con un corpus mucho más amplio. Es decir, no discutió los datos técnicos. Discutió con qué había que compararlos. Y esa es una diferencia de juicio, no de medición.
La simetría de la escena es engañosa. Las dos posiciones no están sostenidas con el mismo peso. La National Gallery publicó un estudio detallado, firmado, sometido a revisión de pares, disponible para que cualquiera lo discuta. El Rijksmuseum declaró su desacuerdo y apuntó a un criterio comparativo, pero no ha publicado, al menos yo no lo he encontrado, un trabajo científico equivalente que responda punto por punto a ese análisis. A eso se añade un detalle nada menor: el cuadro es propiedad de la National Gallery, y el Rijksmuseum era quien lo pedía prestado. Una institución dictamina sobre su propia obra con un estudio publicado; la otra sostiene lo contrario en una cartela y en una rueda de prensa. Son dos dictámenes incompatibles, sí, pero no dos verdades del mismo rango.
Casi cuatro años después, la situación sigue igual. Si buscas hoy el cuadro en la web de Washington, es obra del taller de Vermeer. Si lo buscas en la de Ámsterdam, es de Vermeer. El mismo panel, la misma joven, el mismo sombrero, dos autores oficiales según dónde preguntes. Y ningún consenso a la vista: hay especialistas que aceptan la atribución y especialistas que no, y nadie ha publicado el trabajo que zanje el asunto.
Solemos imaginar la atribución como un procedimiento casi forense. Se examinan los pigmentos, se mide, se compara, y la ciencia dice de quién es. Pero los datos no atribuyen solos. Alguien tiene que decidir qué comparar con qué, cuánto peso dar a una pincelada torpe frente a un pigmento idéntico, si un día flojo de un genio explica más que la mano de un discípulo aplicado. Esa decisión es un juicio, y dos juicios competentes sobre los mismos datos pueden divergir. Lo que no puede es divergir el cuadro: él sigue siendo exactamente el que era antes de que ninguno de los dos museos hablara.
Roelofs bromeaba pero su frase es más cierta de lo que pretendía. La duda no desapareció durante el vuelo, obviamente. Lo que cambió al cruzar el océano no fue la pintura: fue quién tenía autoridad para decir de quién era.
Sobre la conversación abierta
Este texto parte de un caso verificado: en 2022 la National Gallery of Art retiró la atribución a Vermeer de «Muchacha con flauta» y la reasignó a su taller, y meses después el Rijksmuseum la expuso y sigue presentándola como obra de Vermeer, con una declaración expresa de desacuerdo por parte de su comisario. Sostengo que el caso no es de indecidibilidad por falta de pruebas, sino de divergencia de juicio con pruebas abundantes. Y evito presentarlo como un empate: señalo que las dos posiciones no están documentadas con el mismo peso (una publicó un estudio revisado por pares; la otra declaró su discrepancia), y que la propiedad de la obra corresponde a una de las dos instituciones. Si alguien quiere intervenir desde la historia del arte, la conservación o la práctica de la atribución, este cuaderno sigue abierto.
Fuentes
National Gallery of Art, ficha de Girl with a Flute: «Studio of Johannes Vermeer»; «Once cautiously attributed to Johannes Vermeer, Girl with a Flute was more likely painted by a studio associate of Vermeer» (anuncio del 7 de octubre de 2022).
M. E. Wieseman, A. Libby, E. M. Gifford y D. Anchin, «Vermeer’s Studio and the Girl with a Flute», Journal of Historians of Netherlandish Art 14.2 (2022), estudio técnico revisado por pares.
Rijksmuseum: comunicado del 1 de noviembre de 2022 con la lista de «works by Johannes Vermeer» de la exposición Vermeer (10 de febrero a 4 de junio de 2023); su página de la obra la rotula «Johannes Vermeer, ca. 1669-1675».
Declaraciones de Pieter Roelofs a Het Parool, reproducidas por DutchNews (1 de noviembre de 2022): «se presta como “no-Vermeer” pero la colgaremos como Vermeer. La duda desaparecerá durante el vuelo sobre el océano»; «en Ámsterdam vemos las cosas de otra manera que en Washington». Cobertura del debate en The Art Newspaper (10 de febrero de 2023).
No se ha localizado una publicación científica del Rijksmuseum que responda específicamente al estudio de la National Gallery sobre esta pintura. En 2026 ambas instituciones mantienen atribuciones incompatibles.
