Málaga se ha convertido en poco más de veinte años en una ciudad de museos, y eso, dicho sin ironía, es un logro. Donde antes había sol y playa y poco más para el visitante, hay hoy una densidad de instituciones que pocas ciudades españolas de su tamaño pueden igualar: el Picasso, el Pompidou, el Thyssen, el Museo Ruso, el nuevo MUCAC, La Térmica. Quien vino a levantar todo eso trabajó y la marca funciona.
Pero llevo años trabajando en el tejido cultural de esta ciudad, y hay una pregunta que la marca no contesta y que quiero poner encima de la mesa: toda esa maquinaria, ¿para quién produce? Porque una cosa es tener museos y otra distinta es tener una escena, y no son lo mismo. Un museo puede estar lleno de obra de fuera. Una escena es que aquí se produzca, se muestre y se pueda vivir de crear.
Miremos los números, que son públicos y son elocuentes. El plan de inversiones para 2026 de la agencia municipal que gestiona los museos de la ciudad destina doscientos mil euros a renovar la iluminación de una de las sedes del MUCAC, y veinticinco mil a adquirir obra para ese mismo museo. No comparo el presupuesto entero de la cultura con el de los artistas, que sería tramposo; comparo dos partidas del mismo plan, la de iluminar una sala y la de comprar lo que va dentro. Ocho a uno a favor de la bombilla. Y subo a la escala autonómica y encuentro lo mismo en otra clave: la principal ayuda de la Junta a un joven artista andaluz para producir una obra es de tres mil euros; una residencia del centro de Córdoba llega, como mucho, a siete mil. Son cifras dignas para quien las recibe y ridículas como política de país. Con lo que cuesta iluminar una sala se produce muy poca obra de artistas de aquí.
No es que iluminar esté mal. Un museo necesita luz, seguridad, climatización, y esas partidas son legítimas. El problema es la proporción, porque la proporción revela la prioridad. Se invierte con soltura en el continente y con cuentagotas en el contenido local, y el resultado es una ciudad que enseña arte espléndidamente y produce poco del suyo. La infraestructura está sobredimensionada respecto al tejido que debería alimentarla, y así lo que se exhibe viene, en buena parte, de otro sitio.
Hay un caso en la propia ciudad que enseña adónde lleva ese modelo en su extremo. El Museo Ruso abrió como sede de una gran institución estatal, con su base de fondos detrás. Cuando esa base se retiró, en 2022, la sede no cerró: siguió abierta, ahora con colecciones privadas y exposiciones temporales que rellenan el espacio. La marca aguantó, el edificio aguantó, pero el contenido que justificaba el proyecto se había ido. Es la imagen de lo que puede pasar cuando una política cultural se apoya en traer marcas en lugar de en cultivar lo propio: te queda la cáscara iluminada y el relleno cambiante. Una escena local sólida no se vacía así, porque no depende de un convenio que se pueda romper en un despacho a miles de kilómetros.
Y esto no es una queja nostálgica de artista local que pide su parte. Es una cuestión de qué tipo de ciudad cultural queremos ser: una que consume cultura producida fuera, o una que además la genera. Lo segundo no sale solo del gasto público, y aquí está la parte propositiva, porque criticar sin proponer es cómodo y estéril. Una escena se teje cuando las instituciones, la universidad y la empresa dejan de ir cada una por su lado. La universidad forma artistas que hoy, en cuanto acaban, se van, porque aquí no hay dónde producir ni de qué vivir. Las instituciones tienen los espacios y los presupuestos, pero programan mirando al visitante, no al creador de aquí. Y la empresa, que en esta ciudad ha crecido con el sector tecnológico, podría sostener producción, residencias y coleccionismo si alguien articulara ese encuentro. Nadie lo articula. Cada pata está, y no se tocan.
Hay una ventana ahora, y por eso escribo esto hoy y no dentro de dos años. El MUCAC está redefiniéndose: acaba de municipalizarse, tiene una sede reabierta y otra a punto de reabrir, y aún no ha cerrado del todo qué va a ser. Ese es el momento de exigir que el nuevo modelo incorpore producción local, residencias, relación estable con más galerías y espacios de la ciudad, no solo exposiciones traídas y colaboradores locales, contados, habituales. Cuando el modelo se institucionalice, será tarde para pedirlo; se pedirá y se contestará que ya está todo definido.
No pido menos museos. Pido que la maquinaria que hemos construido sirva también para que un artista pueda formarse, producir, mostrar y vender sin hacer las maletas. Que la ciudad que ilumina tan bien sus salas invierta parte de esa energía en que no estén, cada vez más, llenas de obra de otros. Porque una sala perfectamente iluminada y llena de arte de fuera es un escaparate. Una escena es otra cosa, y esa todavía está por hacer.
Sobre la conversación abierta
Escribo esto como artista y como responsable de una entidad cultural, a partir de datos presupuestarios públicos y del diagnóstico que ya han documentado estudios sobre el modelo cultural malagueño. Reconozco lo construido —la infraestructura y la marca son reales— y sostengo que falta lo otro: una política que produzca al creador local y que teja instituciones, universidad y empresa, algo que ahora mismo no ocurre. Si alguien quiere intervenir desde la gestión cultural, la universidad, el tejido de galerías y espacios independientes, o desde la propia administración, este cuaderno sigue abierto, y en este caso me interesa especialmente el desacuerdo fundamentado.
Fuentes
Agencia Pública para la Gestión de la Casa Natal de Pablo Ruiz Picasso y otros Equipamientos. Plan anual de inversiones 2026 (partidas de iluminación, adquisición, mobiliario y seguridad del MUCAC).
Ayuntamiento de Málaga, “Las Cuentas Claras”, política de Cultura (dato de 2024).
Junta de Andalucía, Consejería de Cultura y Deporte. Convocatoria Iniciarte 2026 (16 de junio de 2026). Centro de Creación Contemporánea de Andalucía (C3A), convocatoria de residencias 2026/2027.
MUCAC (titularidad municipal; fusión de CAC Málaga y MUPAM; reapertura de La Coracha el 25 de abril de 2025; sede Mayoristas). Colección del Museo Ruso (reconfiguración tras 2022; fuente municipal Visita Málaga).
Estudio de la UOC sobre políticas culturales, museos y gentrificación en Málaga; Observatorio Fundación Unicaja de las Artes 2025 sobre el sector andaluz.
