I. Procedencia. El caso Romainiti
Presentación de la serie
Esta investigación examina, desde la práctica curatorial y el coleccionismo, qué queda del arte digital tokenizado tras el colapso del mercado especulativo de NFT. La serie se desarrolla en tres entradas que articulan tres dimensiones de un mismo problema: procedencia, persistencia y reconocimiento. La presente, primera de la serie, se concentra en las dos primeras a través del archivo y del análisis de un caso concreto.
El antecedente inmediato de esta investigación es la entrada «Panorama del mercado global del arte», publicada en este mismo Cuaderno público, que sitúa el contexto macro: contracción brusca del mercado de Art NFTs (de 2.900 millones de dólares en 2021 a 23,8 millones en el primer trimestre de 2025, según DappRadar), absorción institucional creciente del arte digital, y separación cada vez más nítida entre el arte digital como medio y el NFT como infraestructura.
El marco que articula esta investigación —procedencia, persistencia, reconocimiento— no es una propuesta especulativa. Es la formalización conceptual de criterios que el autor aplica desde 2021 en su práctica profesional, particularmente en los protocolos de expertización de arte digital nativo desarrollados en Kripties. Los antecedentes públicos de esta posición están recogidos en la sección correspondiente de esta web.
Firma esta investigación Juan A. Esteban. El caso desarrollado en esta entrada corresponde a la Colección Esteban-Ruiz, colección personal del autor como coleccionista particular.
El problema del archivo en arte digital
En el arte material, el archivo es un problema tardío. La obra existe primero como objeto —lienzo, escultura, instalación— y solo después, cuando hay que conservarla, catalogarla, prestarla o heredarla, aparece la pregunta archivística. El museo, el inventario y el certificado de autenticidad llegan a una pieza que ya tiene cuerpo. En el arte digital nativo, la secuencia se invierte. La obra no preexiste a su archivo: existe en la medida en que un sistema de almacenamiento, una cadena de bloques, un contrato y una serie de metadatos la sostienen como entidad identificable. Si esa infraestructura falla, no falla la conservación de la obra; falla la obra.
Esa inversión cambia la naturaleza del problema. En el arte material puede discutirse si una restauración es excesiva, si una atribución es correcta o si una procedencia está documentada, pero la pieza física suele seguir ahí mientras se discute. En el arte digital, una caída de servidor, un dominio no renovado o un nodo IPFS sin pinning bastan para que lo que se pone en duda no sea la atribución, sino la propia disponibilidad de la pieza. La obra no se degrada físicamente: se vuelve irrecuperable de golpe, en silencio, sin huella material.
De ahí que la procedencia, en este terreno, no pueda entenderse como un dato técnico aislado —el hash del token, la transacción de minteo, la wallet del autor— ni como el equivalente digital del certificado del galerista. La procedencia es la suma de varias capas: el registro on-chain, el archivo efectivamente accesible, los metadatos que ligan token y archivo, el contexto curatorial que estabilizó la pieza como obra y la capacidad sostenida del autor o del coleccionista para mantener todo eso en el tiempo. Cada capa tiene su propio régimen de fragilidad. La cadena es prácticamente permanente; el archivo depende del modelo de almacenamiento; los metadatos dependen de URL que pueden caer; el contexto curatorial depende de páginas, plataformas y narrativas que pueden desaparecer; la sostenibilidad humana depende de recursos económicos, técnicos y geopolíticos que rara vez son simétricos entre las partes implicadas.
Tratar la procedencia como dimensión, y no como dato, obliga a evaluar cada capa por separado y al mismo tiempo. Una obra puede tener un registro on-chain impecable y un archivo perdido. Puede tener archivo y metadatos en orden, pero haber sido descontextualizada por la desaparición de la plataforma que la presentaba. Puede tener todo lo anterior y aun así quedar huérfana si el artista pierde la capacidad técnica o material de mantenerla. La procedencia se sostiene cuando todas las capas se sostienen; se degrada en cuanto una falla, aunque las demás permanezcan intactas.
De este modo, el archivo en arte digital no es la última fase del proceso —la conservación de algo previamente dado— sino la primera condición de existencia de la obra como pieza identificable. Antes de preguntarse si una pieza es valiosa, si está bien atribuida o si tiene mercado, hay que preguntarse si está ahí, si seguirá estando y bajo qué condiciones. Esa pregunta no se responde mirando el token aisladamente. Se responde mirando el ecosistema completo que sostiene el token: cadena, archivo, metadatos, contexto y capacidad de mantenimiento. Cuando una plataforma cae —y caen, con frecuencia, sin ruido—, la pregunta deja de ser teórica: ¿qué sobrevive y qué no?
Anatomía técnica del NFT
Un NFT no es, en sentido estricto, una imagen, un vídeo o una obra digital. Es un registro en una blockchain que representa la propiedad de un activo digital o la relación con él. La distinción no es retórica: el NFT es el token, no el archivo. Comprender esa separación es la condición para entender por qué algunos NFT sobreviven a la caída de una plataforma y otros quedan vacíos.
El token vive en la blockchain (Ethereum, Base —que opera como capa 2 sobre Ethereum— u otras redes) como identificador único gestionado por un smart contract que almacena el ID del token, la dirección del propietario y una referencia a los metadatos en forma de URI. El archivo casi nunca vive en la cadena: vive fuera, y el token apunta hacia él. Esa asimetría introduce una división estructural entre lo que está on-chain —propiedad, historial, lógica del contrato— y lo que está off-chain —archivo, metadatos, hosting—. La persistencia real de la obra depende, sobre todo, de cómo se haya resuelto esa segunda capa.
Hay cuatro modalidades habituales para alojar la obra a la que el token apunta, y conviene presentarlas en orden de soberanía técnica decreciente. La primera, y la única que no introduce dependencias externas, es fully on-chain: el contenido —imagen, código generativo, texto— vive dentro del propio bytecode del smart contract, codificado en la cadena. En este modelo no hay archivo externo al que apuntar: el token y la obra son la misma cosa, y mientras la cadena exista, la obra existe. Proyectos como Autoglyphs, Avastars o buena parte de Art Blocks Curated operan así, generalmente bajo restricciones técnicas considerables —el coste de gas obliga a piezas livianas, casi siempre código generativo o gráficos minimalistas— pero ofreciendo a cambio la única forma de persistencia que no requiere actores externos.
Las otras tres modalidades introducen, de distintos modos, esa dependencia externa. La segunda son los servidores tradicionales de plataforma, propios del modelo Web2: Foundation, OpenSea o, en parte, KnownOrigin. El token apunta a una URL convencional; si la plataforma cae, el archivo deja de resolverse. La tercera es IPFS (InterPlanetary File System), un sistema distribuido en el que los archivos se identifican por su hash, no por una URL fija. El contenido deja de depender de un único servidor, pero introduce una trampa: el pinning. Si nadie mantiene el archivo activo en la red, puede desaparecer. IPFS distribuye, no archiva. La cuarta es Arweave, que ofrece almacenamiento perpetuo bajo un modelo de pago único con incentivo económico para mantener los datos a largo plazo. Es la opción más cercana a una persistencia real fuera del modelo fully on-chain, aunque su coste inicial es mayor y no todos los proyectos la adoptan.
A la cuestión del archivo se suma la del control. Un NFT puede haberse minteado en un contrato compartido por toda una plataforma o en un contrato propio del artista, y la diferencia tiene consecuencias estructurales. En el modelo compartido, habitual en Foundation o KnownOrigin, muchos artistas conviven dentro del mismo smart contract y la lógica del token depende de la infraestructura de la empresa. En el modelo de contrato propio, frecuente en Manifold y en parte de Zora, el artista despliega su propio contrato y conserva control total sobre tokens y metadatos. La portabilidad mejora y la dependencia respecto al destino de la plataforma se reduce. La persistencia, por tanto, no es solo una cuestión técnica de almacenamiento: es también una cuestión de gobernanza.
Los estándares introducen una segunda variable. ERC-721 asocia un token a una sola obra única; es el modelo clásico, claro conceptualmente. ERC-1155 permite múltiples copias bajo un mismo ID, combina lógica fungible y no fungible, optimiza el coste en gas y resulta más eficiente para series y ediciones, aunque modifica la lógica de escasez.
Cuando una plataforma cae conviene separar capas. Lo que está on-chain no se pierde: la propiedad del token, el historial de transacciones, el smart contract y la relación con la wallet siguen ahí mientras la cadena exista. Lo que puede perderse está fuera: el archivo si depende de servidores o de un IPFS sin pinning, los metadatos si apuntan a URL caídas y, sobre todo, el contexto curatorial —la página, la colección, la narrativa que sostenía la obra como pieza expuesta—. A largo plazo solo sobreviven contratos accesibles, metadatos recuperables y archivos efectivamente persistentes. El resto se degrada.
Existen herramientas comunitarias para interactuar con contratos legacy de plataformas que han reducido su actividad, como savemyart.xyz, empleada por coleccionistas y artistas para gestionar listings antiguos de Foundation. Conviene citarlas con cautela: no cuentan con operador públicamente identificado ni constituyen infraestructura oficial, por lo que su uso exige verificación técnica y precauciones razonables —wallet secundaria, revisión de transacciones en Etherscan, y no firmar a ciegas un setApprovalForAll cuyas implicaciones no se hayan entendido—. El caso de KnownOrigin ilustra el escenario más amplio: adquirida por eBay en junio de 2022, redujo después su actividad y su visibilidad pública. Las obras minteadas siguen existiendo en Ethereum, pero quedaron parcialmente subordinadas al destino de la plataforma que las alojaba.
La persistencia real de una obra NFT descansa, entonces, sobre tres capas: la blockchain, donde el token es prácticamente permanente; la infraestructura de almacenamiento, que decide si el archivo vive o se evapora —salvo en el modelo fully on-chain, donde esa capa coincide con la primera—; y el modelo de control, que determina la capacidad real del artista o del coleccionista para sostener la obra en el tiempo.
El caso. Reubicación de Foundation a Transient
Foundation fue, durante años, una de las plataformas NFT con acceso por invitación más respetadas del ecosistema Ethereum. Selectiva, comisariada, con identidad visual cuidada. Sostuvo el trabajo de cientos de artistas durante el ciclo expansivo. En abril de 2026, la plataforma anunció su cierre tras no encontrar comprador, si bien continuará soportando datos IPFS durante un año.
Lo que sigue es el relato de un caso concreto. La artista romainiti, residente en Irán, con obra en Foundation y perfil hoy en Transient (https://www.transient.xyz/@romainiti), aceptó compartir su experiencia para esta investigación. Once de las obras minteadas por romainiti en Foundation permanecían en propiedad de Juan A. Esteban como coleccionista particular, integradas en la Colección Esteban-Ruiz, que reúne también obra de la artista en otras plataformas. La voz que sigue es suya, traducida del inglés con su autorización y manteniendo el sentido literal de lo que aporta.
Cómo se enteró
Se enteró por publicaciones de otros artistas quejándose en redes. Su reacción inicial, en sus palabras: «honestly I didn’t give a little fuck because I had more serious problems going on in my country and my life couldn’t think even about a market place». Hacía tiempo que no tenía ventas allí.
Pero al confirmar que Foundation cerraba completamente, sí empezó a preocuparse. No por ella en abstracto, sino por las obras y por sus coleccionistas. Empezó a investigar qué hacer.
La decisión de mover y por qué Transient
Tenía obras en distintas redes —Ethereum y Base, principalmente—, algunas vendidas, otras en su propiedad. La elección de Transient se basó en tres criterios concretos: la plataforma soporta tanto Ethereum como Base; ofrecía un plan específico para artistas de Foundation que permitía localizar las colecciones, importarlas y volver a listar lo no vendido; y mantenía un enfoque artístico, no de marketplace masivo.
El proceso técnico
Implicó tres pasos: conectar la wallet a un sitio de terceros y localizar las obras, retirarlas de los listados originales y, después, importar la colección a Transient y volver a listar. La herramienta intermediaria utilizada fue savemyart.xyz, una herramienta comunitaria del ecosistema post-Foundation que permite escanear la wallet, localizar obras aún listadas en contratos antiguos y cancelar esos listings.
En palabras de romainiti: «to be honest it wasn’t clear at all and it was so confusing for me and I was so mad at foundation for causing me too much trouble». Una colega artista y coleccionista, Jennifer, la acompañó en el proceso.
El coste real, en su contexto
Aquí el caso se separa de cualquier descripción puramente técnica. Irán está en bloqueo de internet y apagones recurrentes desde el inicio del conflicto Irán-Estados Unidos. La conexión, en la práctica, depende de comprar paquetes de VPN. Antes del bloqueo, 100 GB costaban aproximadamente 1,5 dólares. Después, cada GB cuesta entre 5 y 10 dólares. La cotización del rial iraní frente al dólar continúa cayendo (en el momento del proceso, aproximadamente 1 IRR ≈ 0,0000007601 USD).
Importar las obras y volver a localizarlas le consumió 3 GB de VPN. Todo el VPN comprado el día anterior se gastó por completo y tuvo que volver a comprar. A eso se añadió el coste en ETH de las gas fees para volver a listar. Usó todo el ETH que tenía.
Lo que se quedó por el camino
Algunas ediciones que tenía en Foundation no pudieron migrar a Transient como ediciones. Quedaron forzosamente como piezas únicas (1/1). Para esas obras, vendidas previamente al precio que correspondía a una edición, el cambio de estatus no tuvo efecto retroactivo: ya estaban en propiedad de quien las hubiera adquirido, ahora con un estatus distinto al original. En el caso de las obras adquiridas por la Colección Esteban-Ruiz, Juan A. Esteban era el único comprador de esas ediciones, lo que permitió que la conversión a 1/1 se produjera de forma transparente, sin afectar a otros coleccionistas.
Lo que vio el coleccionista
Desde el lado del coleccionista particular, la experiencia fue radicalmente distinta. La artista comunicó la situación, gestionó el proceso completo y no requirió intervención técnica. Bastó con loguearse en Transient con la misma wallet asociada al usuario original en Foundation. Las obras aparecieron asignadas automáticamente, ahora visibles desde la nueva interfaz. La titularidad onchain, garantizada por blockchain, se mantuvo intacta. Para una colección que se mantiene con vocación curatorial y no comercial —la Colección Esteban-Ruiz se construye sin intención de comercializar las obras—, el cambio fue, en términos prácticos, invisible. La obra siguió siendo la obra, con la misma trazabilidad de propiedad.
La asimetría, sin embargo, es importante. Lo que para el coleccionista fue invisible, para la artista fue una operación costosa, técnicamente confusa y dependiente de la ayuda de pares. Esa asimetría no es accidental: refleja cómo está distribuido el coste real de mantener viva una obra digital cuando una plataforma cae.
Cierre de Foundation
El consejo final de romainiti, en su inglés directo:
«Make sure you know your art contract, you have it on blockchain. This happened to KnownOrigin, Foundation… and can happen again, so make sure your art is safe on blockchain.»
KnownOrigin —plataforma NFT adquirida por eBay en junio de 2022 y posteriormente reducida en su actividad— es un antecedente que la artista nombra explícitamente. No es la primera vez que vive un cierre. Probablemente no sea la última.
Lo que el caso enseña sobre el marco
El caso de romainiti permite volver al marco triádico desde la experiencia, no desde la teoría. La procedencia, vista a la luz de lo ocurrido entre Foundation y Transient, deja de parecer un atributo del token para mostrarse como lo que efectivamente es: una construcción frágil sostenida por capas heterogéneas que rara vez fallan al unísono. Cuando una de esas capas se rompe —el archivo, los metadatos, el contexto curatorial, la capacidad de mantenimiento—, la procedencia se degrada aunque el token siga existiendo en la cadena. La obra puede seguir registrada y, sin embargo, haber perdido el ecosistema que la hacía legible como obra.
El movimiento de las once piezas no fue una migración on-chain: los contratos originales permanecen donde estaban y lo que cambió fue la plataforma que las indexa y permite operar con ellas. La precisión técnica importa, porque vuelve interesante el caso. No estamos ante una transferencia de tokens, sino ante una recontextualización: la procedencia material se mantiene; la procedencia operativa —la que permite que una obra circule, se vea y se reconozca como tal— se reconstruye en otro entorno.
De ahí la doble decisión que articuló el proceso. Transient funcionó como mecanismo de rescate retroactivo para las obras ya minteadas en Ethereum y Base, gracias a su plan específico para artistas procedentes de Foundation. Pero la continuidad futura se decidió en otro ecosistema: OBJKT, sobre Tezos. La elección no fue arbitraria. Tezos se ha consolidado como uno de los estándares con mayor implantación en la parte del mundo del arte digital que toma en serio la sostenibilidad económica y energética; el coste de minteo es bajo, lo que permite a artistas con recursos limitados operar sin que cada decisión técnica se convierta en un dilema económico, y la estabilidad del ecosistema reduce la exposición al cierre o reorientación de plataformas. Rescate en una red, continuidad en otra: dos respuestas distintas a problemas distintos, no una contradicción.
El caso también desplaza el centro de gravedad de la discusión. Si la procedencia depende de capas heterogéneas y la capacidad de sostenerlas es desigual entre artista y coleccionista, entonces la pregunta importante no es solo técnica. Es una pregunta sobre criterio. Y aquí conviene citar literalmente al coleccionista que vivió el proceso desde dentro: «no me preocupa, sino que me reafirma en lo importante que es la curaduría: adquirir obra de artistas fiables y contrastados». La frase condensa el desplazamiento que esta serie quiere proponer. La fragilidad de la infraestructura no se compensa con más infraestructura, sino con un trabajo previo de criterio: qué artistas, qué prácticas, qué trayectorias soportan el tipo de relación a largo plazo que el arte digital exige a quien lo colecciona. La procedencia, en última instancia, no la sostiene sola la cadena: la sostiene la decisión informada de seguir a determinados autores a través de los entornos en los que se mueven.
Las dimensiones de persistencia y reconocimiento institucional, que el marco triádico apenas ha enunciado hasta aquí, abren preguntas que el caso romainiti deja en el horizonte sin resolver: cómo se construye la durabilidad de una obra digital más allá del rescate puntual, y en qué medida las instituciones —museos, colecciones públicas, organismos de expertización— están en condiciones de reconocer y sostener un patrimonio que opera bajo lógicas distintas a las que han organizado históricamente su trabajo. Son las preguntas que abre la entrada II.
Fuentes
Plataformas y herramientas mencionadas
Foundation, https://foundation.app
Transient, https://www.transient.xyz
savemyart.xyz, https://savemyart.xyz
KnownOrigin, https://knownorigin.io
OBJKT, https://objkt.com
Manifold, https://manifold.xyz
Zora, https://zora.co
OpenSea, https://opensea.io
Etherscan, https://etherscan.io
Infraestructura técnica
IPFS — InterPlanetary File System, https://ipfs.tech
Arweave, https://arweave.org
Ethereum, https://ethereum.org
Base, https://base.org
Tezos, https://tezos.com
ERC-721 — estándar de token no fungible, EIP-721, https://eips.ethereum.org/EIPS/eip-721
ERC-1155 — estándar de token multi-activo, EIP-1155, https://eips.ethereum.org/EIPS/eip-1155
Datos de mercado
DappRadar, Industry Report Q1 2025. Volumen de trading de Art NFTs: 23,8 millones de dólares.
El País, «De valer millones de dólares a no llegar a las cuatro cifras: la gran ruina de los NFT», 10 de marzo de 2026, https://elpais.com/icon-design/2026-03-10/de-valer-millones-de-dolares-a-no-llegar-a-las-cuatro-cifras-la-gran-ruina-de-los-nfts.html
BeInCrypto, «Desplome del NFT: cambio, colapso, cofundador de Rarible», https://es.beincrypto.com/desplome-nft-cambio-colapso-cofundador-rarible/
Antecedentes
«Panorama del mercado global del arte», Cuaderno público, https://juanesteban.art/panorama-del-mercado-global-del-arte/
Antecedentes de la posición Kripties Fundación, sección correspondiente de esta web, https://juanesteban.art/investigacion/antecedentes/
Caso
Perfil de romainiti en Transient, https://www.transient.xyz/@romainiti
Comunicación personal de la artista con el autor, [mayo de 2026]. Citas reproducidas con autorización.
Adquisición de KnownOrigin por eBay (junio de 2022), https://www.ebayinc.com/stories/news/ebay-acquires-leading-nft-marketplace-knownorigin
