Sobre la auto-relevancia como núcleo del juicio estético y su frontera maquínica
En los dos textos anteriores de esta línea sostuve dos cosas. Primero, que la comprensión estética descansa sobre regímenes de relevancia, y que la incomprensión —entre culturas, entre humanos y máquinas— es desalineación de esos regímenes. Segundo, que la divergencia entre la atención humana y la maquínica es medible y se concentra donde la relevancia humana deja de ser formal y se vuelve social, semántica o vital. Aquel segundo texto cerraba con una advertencia honesta: la parte social de la divergencia está bien documentada, pero la parte autorreferencial —el peso vital, lo que toca al sí mismo— seguía siendo, en mi argumento, inferencia más que resultado establecido.
Este texto aborda exactamente esa pieza. La pregunta es concreta: ¿qué hace que una obra no solo nos parezca bella o interesante, sino que nos importe? Mi tesis, apoyada en la investigación empírica reciente, es que el mejor candidato para explicar ese salto es la auto-relevancia: el grado en que una obra entra en relación con la memoria, la identidad y la historia del observador. No la forma en sí, no la mera facilidad de procesamiento, no la novedad: la auto-relevancia. Y sostengo que ese mecanismo es precisamente el que un sistema sin sí mismo no puede replicar, no por limitación técnica transitoria, sino por carecer de aquello respecto de lo cual algo podría ser auto-relevante.
Conviene una precisión de alcance desde el principio, porque marca la diferencia entre rigor y entusiasmo. La evidencia disponible es prometedora pero todavía no concluyente. Sostiene con fuerza que la auto-relevancia explica las formas más intensas y memorables del juicio estético. No demuestra, todavía, que toda valoración estética dependa de ella. Mantendré esa distinción a lo largo del texto.
1. El tercer estrato, otra vez
En el primer texto de esta línea distinguí tres estratos de relevancia estética. La saliencia formal —qué destaca perceptivamente: color, contraste, ritmo, composición—. La pertinencia histórico-contextual —autoría, técnica, tradición, intención; lo que solo se ve conociendo de dónde viene la obra—. Y el peso vital —aquello que toca memoria, identidad, apego, vulnerabilidad; lo que hace que algo no solo sea informativamente rico, sino existencialmente importante—.
El primer estrato está bien estudiado y es, en parte, modelizable: los sistemas de saliencia predicen razonablemente dónde mira un humano por razones físicas. El segundo es el territorio clásico de la historia del arte y la estética. El tercero es el más difícil de operacionalizar, y por eso el más fácil de tratar con vaguedad romántica. La aportación de la investigación reciente es haber empezado a medirlo.
El término que la literatura ofrece para acercarse al tercer estrato es auto-relevancia, y el fenómeno conductual que permite estudiarlo es el efecto de autorreferencia: la ventaja de memoria que aparece cuando procesamos información en relación con nosotros mismos. Es un efecto robusto y antiguo en psicología cognitiva: recordamos mejor las palabras, las imágenes y los hechos que hemos relacionado con nuestra propia persona que los que hemos procesado de forma neutra. La hipótesis que recorre este texto es que ese mismo mecanismo opera en el corazón del juicio estético intenso.
2. Lo que muestra la evidencia, sin exagerar
Cuatro estudios marcan el estado actual de la cuestión, y conviene leerlos juntos porque su valor está en cómo se corrigen entre sí.
El primero es un resultado nulo, y es importante precisamente por eso. Kasdan y Belfi (2020) buscaron el efecto de autorreferencia en música: pidieron a los participantes que juzgaran fragmentos instrumentales breves según cuánto les gustaban —condición vinculada al sí mismo— frente a otras condiciones, y midieron después el reconocimiento. No apareció ventaja autorreferencial. El simple “me gusta” musical no bastó para producir el efecto. Este resultado pone una frontera: no cualquier juicio estético recluta el sí mismo, y el “me gusta” superficial no es lo mismo que la auto-relevancia profunda. Empezar por aquí protege el argumento de convertirse en dogma.
El segundo, Lee y colaboradores (2023), trabajó con pintura. Comparó tres condiciones de codificación —juicio de belleza, memoria personal, y un control de simetría— y midió el reconocimiento posterior. El resultado fue parcial y revelador: el juicio de belleza no igualó en general la ventaja de memoria de la condición autorreferencial, pero las pinturas con juicios de belleza extremos se recordaron tan bien como las codificadas en relación con el sí mismo. La convergencia entre belleza y autorreferencia aparece, pero sobre todo cuando la reacción estética es intensa. No toda belleza toca el sí mismo; la belleza que más nos golpea, sí.
El tercero es el más fuerte a favor de la tesis. Vessel y colaboradores (2023) midieron si la auto-relevancia predice el atractivo estético, usando tanto obras reales como obras sintéticas personalizadas mediante transferencia de estilo a partir de un cuestionario biográfico de cada participante. El resultado: la auto-relevancia predijo fuertemente el atractivo, explicó más varianza que dieciocho rasgos de imagen combinados —un 28% frente a un 8%—, y el efecto no estaba mediado por la familiaridad. Es decir: no es que nos guste lo que reconocemos; es que nos atrae lo que nos concierne. El control de estímulos de este trabajo es excelente, y es la pieza que mejor sostiene que la auto-relevancia no es un epifenómeno de otras variables.
El cuarto, Salgues y colaboradores (2024), articuló la formulación más nítida. Trabajando con un centenar de pinturas representacionales y separando en dos estudios las condiciones de belleza, memoria personal y emoción, encontró que el juicio estético produce ventaja de memoria, aunque menor que la autorreferencia o la emoción, y que la intensidad emocional predice tanto el reconocimiento como los juicios de belleza y de auto-relevancia. Su conclusión explícita: la apreciación de auto-relevancia podría ser un mecanismo básico del juicio estético. No idéntico a la emoción, no idéntico a la belleza, pero el denominador común funcional de ambas.
A esto se añade un hallazgo reciente que refuerza el cierre. Smith, De Brigard y Marsh (2025) mostraron que la evocación autobiográfica espontánea —no inducida, sino surgida sola durante la contemplación— aumenta el grado en que una obra nos conmueve. El sentido personal no necesita ser provocado: cuando emerge por sí mismo ante la obra, amplifica la experiencia estética.
Leídos en conjunto, los cinco trabajos dibujan una figura clara y prudente. La auto-relevancia no explica cualquier juicio estético —el resultado nulo de Kasdan y Belfi lo impide—. Pero explica, mejor que ninguna alternativa, las formas intensas, memorables y transformadoras del juicio: aquellas en las que una obra deja de gustarnos y pasa a importarnos.
3. Por qué la auto-relevancia es distintiva
Hay otras explicaciones del valor estético, y conviene confrontarlas para ver qué tiene la auto-relevancia que ellas no tienen.
La novedad moviliza atención y curiosidad, pero no explica la idiosincrasia del gusto: por qué una misma obra nueva conmueve a uno y deja frío a otro. La fluidez de procesamiento —la facilidad con que percibimos algo— predice parte del agrado, pero los datos de Vessel son incómodos para reducir la belleza a fluidez: la mediación por familiaridad fue pequeña y dejó intacto un gran efecto directo de la auto-relevancia. La expertise modula la evaluación, pero los estudios más favorables a la auto-relevancia se hicieron con participantes no expertos: el mecanismo opera incluso sin capital interpretativo especializado.
La auto-relevancia es distintiva por tres razones. Conecta en un solo mecanismo percepción, memoria, emoción y autoconciencia, que las otras hipótesis tratan por separado. Explica la idiosincrasia del gusto: por qué el valor estético intenso es tan personal. Y genera predicciones más fuertes y comprobables: si una obra se vuelve más relevante para el sí mismo, debería gustar más, recordarse mejor y suscitar más emoción, que es justo lo que la evidencia encuentra. Las demás hipótesis capturan componentes reales del episodio estético; la auto-relevancia explica mejor cómo se integran.
Conviene una operacionalización para no quedar en lo vago. Llamo peso vital al grado en que un objeto estético entra en relación con el sistema de autorreferencia del sujeto y adquiere valor para su vida, no solo para su percepción. Observable a través de variables medibles: auto-relevancia declarada, evocación autobiográfica, congruencia con la identidad, intensidad afectiva personalmente atribuida, y ventaja de memoria frente a condiciones no autorreferenciales. No es una esencia inefable. Es un constructo con indicadores.
4. La frontera maquínica
Llego al punto que conecta esta línea con su pregunta de fondo. Si el peso vital descansa sobre la auto-relevancia, y la auto-relevancia es la relación de una obra con el sí mismo del observador, entonces un sistema que carece de sí mismo carece de aquello respecto de lo cual algo podría ser auto-relevante.
Esto no es una afirmación sobre lo que las máquinas no pueden hacer hoy por falta de potencia. Es una afirmación estructural. Un sistema puede modelar con precisión creciente qué obras tienden a gustar a los humanos, qué rasgos correlacionan con valoraciones altas, qué imágenes generan más interacción. Puede incluso predecir, mejor que el propio sujeto a veces, qué le gustará. Pero predecir qué le gustará a alguien no es que a uno mismo le importe. La auto-relevancia no es una propiedad de la obra que el sistema pueda detectar; es una relación entre la obra y una biografía, una identidad, una vulnerabilidad. Sin el segundo término de esa relación, la operación no tiene dónde anclarse.
Aquí conviene ser preciso y no caer en lo que critiqué en textos anteriores. No estoy afirmando que las máquinas carezcan de experiencia interior —esa es una pregunta abierta que la investigación seria trata con cautela y que no necesito resolver—. Estoy afirmando algo más modesto y más firme: que el mecanismo concreto que la evidencia señala como núcleo del juicio estético intenso, la auto-relevancia, requiere un sí mismo con memoria autobiográfica e identidad, y que los sistemas actuales operan mediante proxies de ese mecanismo —frecuencias, correlaciones, preferencias agregadas— que aproximan el resultado sin reproducir la relación.
Es la misma estructura que describí en el caso del agente que organizó una fiesta de cumpleaños y relegó a la persona más importante de la vida del usuario. El sistema podía recuperar trazas; no podía jerarquizar existencias. Aplicado al arte: un sistema puede recuperar qué obras se parecen a las que te gustaron; no puede saber cuál te va a partir en dos porque toca algo que solo tú sabes que llevas dentro. La auto-relevancia es ese saber, y no es transferible.
5. Lo que esto no autoriza a concluir
Tres cierres de puerta, por rigor.
No autoriza a concluir que el arte hecho con máquinas carezca de valor estético. El valor estético, según el propio argumento, no está en el objeto ni en quien lo produce, sino en la relación con quien lo recibe. Una obra generada por un sistema puede tocar profundamente a un humano: el peso vital lo aporta el observador, no el productor. Lo que el sistema no puede es experimentar ese peso, no impedírselo a otro.
No autoriza a concluir que la auto-relevancia esté ya plenamente demostrada como mecanismo nuclear. La evidencia favorece que explica las formas intensas del juicio estético; deja abierto si explica todas. El corpus directo es pequeño, las muestras tienden a ser de estudiantes jóvenes, y la relación fina entre emoción y auto-relevancia sigue sin resolverse. Lo digo porque el rigor de esta línea depende de no afirmar de más.
No autoriza a concluir que la frontera sea eterna. Afirmo que los sistemas actuales carecen de sí mismo en el sentido relevante. No afirmo que sea imposible construir sistemas futuros con memoria autobiográfica persistente, identidad y algo análogo a la vulnerabilidad. Si tal cosa llegara —y nada indica que esté cerca—, la pregunta cambiaría de naturaleza. Hoy la frontera es real; no la declaro infranqueable, la describo donde está.
6. Conclusión
Tres conclusiones.
La primera, empírica. La evidencia reciente señala la auto-relevancia como el mejor candidato para explicar el núcleo del juicio estético: no la forma, no la fluidez, no la novedad, sino el grado en que una obra entra en relación con la memoria y la identidad del observador. La evidencia es sólida para las formas intensas del juicio estético y todavía abierta para las demás.
La segunda, conceptual. El peso vital —el tercer estrato de relevancia que vengo defendiendo en esta línea— puede operacionalizarse a través de la auto-relevancia, con indicadores medibles, sin recurrir a esencias inefables. Es lo que convierte el “me gusta” en “esto me concierne”.
La tercera, sobre la frontera maquínica. La auto-relevancia requiere un sí mismo respecto del cual algo sea relevante. Los sistemas actuales carecen de él y operan mediante proxies que aproximan el resultado sin reproducir la relación. Pueden predecir qué nos gustará; no pueden experimentar que algo les importe. La diferencia no es de grado de sofisticación: es de naturaleza de la operación.
El efecto de sí mismo nombra, en el fondo, una asimetría sencilla. Una obra nos importa cuando nos toca; nos toca cuando entra en relación con quienes somos; y quienes somos es una historia, no un conjunto de datos. La máquina puede leer los datos. La historia, de momento, la ponemos nosotros. Esa es la distancia entre acertar qué nos gustará y compartir por qué nos importa.
Sobre la conversación abierta
Este texto es el tercero de la línea sobre regímenes de relevancia que vengo desarrollando en NeuroArt: Cognitive Surplus. Desarrolla el tercer estrato —el peso vital— que los dos textos anteriores dejaron señalado pero no fundamentado. El siguiente paso previsto aborda el arte generativo como territorio donde humano y máquina comparten proceso aunque no compartan significado.
Si alguien quiere intervenir desde la neuroestética, la psicología de la memoria, la filosofía de la mente o la práctica artística, este cuaderno sigue abierto.
Fuentes
Kasdan, A., & Belfi, A. M. (2020). Investigating a self-reference effect in musical aesthetics. Experimental Results, 1, e6. https://doi.org/10.1017/exp.2020.6
Lee, J., et al. (2023). The beauty and the self: A common mnemonic advantage between aesthetic judgment and self-reference. Cognitive Neuroscience. https://doi.org/10.1037/cns0000345
Vessel, E. A., et al. (2023). Self-relevance predicts the aesthetic appeal of real and synthetic artworks generated via neural style transfer. Psychological Science. https://doi.org/10.1177/09567976231188107
Salgues, S., Jacquot, A., Makowski, D., Tahar, C., Baekeland, J., Arcangeli, M., Dokic, J., Piolino, P., & Sperduti, M. (2024). Self-reference and emotional reaction drive aesthetic judgment. Scientific Reports, 14, 19699. https://doi.org/10.1038/s41598-024-68331-9
Smith, A. P., De Brigard, F., & Marsh, E. J. (2025). Aesthetic experience is supported by spontaneous autobiographical memory recollection. Memory & Cognition, 54, 1037–1051. https://doi.org/10.3758/s13421-025-01795-w
Vessel, E. A., Starr, G. G., & Rubin, N. (2013). Art reaches in: The default mode network and intense aesthetic experience. (Activación de la red por defecto ante obras intensamente conmovedoras.)
Arcangeli, M., Dokic, J., & Sperduti, M. The Beautiful, the Sublime, and the Self. (Marco filosófico del proyecto SublimAE sobre implicación del sí mismo en la experiencia estética.)
Leder, H., & Nadal, M. (2014). Ten years of a model of aesthetic appreciation and aesthetic judgments. British Journal of Psychology. (Modelo de la apreciación estética como episodio de varias etapas.)
Esteban Ruiz, J. A. Lo que importa y lo que es relevante. Cuaderno público en juanesteban.art, 2026.
Esteban Ruiz, J. A. Dónde mira la máquina. Cuaderno público en juanesteban.art, 2026.
Esteban Ruiz, J. A. Art as Structural Surplus: Toward a Relational Ontology Beyond Human Authorship (V2.3). PhilArchive y Zenodo, 2026.
