El cuerpo no es tradición: tolerancia cero con la mutilación genital femenina

Hoy, 6 de febrero, se conmemora el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina. No es una efeméride simbólica ni una fecha más en el calendario de los derechos humanos. Es un recordatorio incómodo de hasta qué punto el cuerpo de mujeres y niñas sigue siendo, en demasiados contextos, territorio de control, disciplina y violencia estructural.

La mutilación genital femenina no es cultura, ni tradición, ni identidad. Es una práctica que vulnera derechos fundamentales: la integridad física, la salud, la autonomía corporal y la dignidad. Más de 230 millones de mujeres y niñas la han sufrido ya, y millones continúan en riesgo cada año. Detrás de cada cifra hay un cuerpo concreto, una historia interrumpida, una biografía marcada.

Exige también revisar cómo miramos, representamos y entendemos los cuerpos ajenos

El lema internacional de este año plantea un horizonte claro y deliberadamente exigente: «Hacia 2030: no acabaremos con la mutilación genital femenina sin un compromiso e inversión sostenidos.» No habla de buenas intenciones, sino de responsabilidad política. De recursos, de continuidad, de voluntad real. Porque el problema no es la falta de conocimiento, sino la persistencia de estructuras que permiten que esta violencia continúe normalizada, silenciada o relativizada.

Erradicar la mutilación genital femenina implica mucho más que prohibiciones legales. Exige trabajo comunitario, educación, acompañamiento a las supervivientes y protección efectiva para las niñas. Exige también revisar cómo miramos, representamos y entendemos los cuerpos ajenos: qué cuerpos se consideran disponibles, qué violencias se toleran en nombre de lo «tradicional», qué silencios se perpetúan por comodidad o distancia geográfica.

Desde Kripties Fundación defendemos el arte y la cultura como espacios críticos desde los que cuestionar estas violencias normalizadas. El arte no repara por sí solo, pero nombra, expone, incomoda y desplaza miradas. Y ese desplazamiento es imprescindible para cualquier transformación social profunda.

Hablar hoy de tolerancia cero no es un gesto retórico. Es asumir que la erradicación de la mutilación genital femenina es una obligación colectiva que interpela a gobiernos, instituciones, sociedad civil y también a quienes trabajamos desde el ámbito cultural.

No hay neutralidad posible cuando el cuerpo es el campo de batalla. Y no hay futuro justo si millones de niñas crecen con su integridad condicionada por la violencia.