La lucha de las mujeres en Irán y Afganistán a través de los ojos de una artista
Hoy, septiembre de 2025, sigue siendo imposible olvidar el nombre de Mahsa Amini. Su muerte, en 2022, desató una ola de protestas que marcaron un antes y un después en Irán y que aún hoy reverberan en todo el mundo. Tres años después, la represión persiste: las mujeres sin velo son excluidas de espacios públicos, detenidas arbitrariamente, condenadas a vivir en un estado constante de amenaza. En Afganistán, la situación no es mejor: niñas sin acceso a la educación, mujeres silenciadas y reducidas al anonimato.
Pero frente a la opresión, la resistencia no se apaga. Voces como la de la artista anónima Suratí siguen recordándonos que el arte es también un arma:
“Los mulás quieren borrar del mundo el rostro y la voz de las mujeres. Pero el silencio también grita. Cada calle vacía, cada ventana cerrada, cada gato sin nana en la noche habla por nosotras. Somos mujeres que luchan.”
En 2024, Suratí nos concedió su testimonio, que hoy recuperamos pues no es un eco del pasado, es una llamada urgente al presente. Las mujeres iraníes y afganas siguen enfrentándose a la violencia con coraje, transformando la desesperanza en arte, en símbolo y en memoria:
«¡Atención! Esto es una pesadilla en la que tienes que cerrar los ojos para despertar. ¡Tienes que ignorar mis palabras! Estás en completa oscuridad; en el rincón del mundo donde, si no ha acabado, da su último aliento. Sí, estás viendo el mundo como una sombra negra agazapada sobre una cuneta embarrada y vomitando sangre. A ambos lados de la cuneta hay dos casas viejas, ladrillo a ladrillo, convertidas en nada en el estómago de termitas y están muy vacías y muy huecas, pero siguen en pie. Nací en una de esas casas, fui una niña y me hice mayor. Nuestra casa está encantada. Permíteme que precise. Supongo que has visto en el cine la película Harry Potter, durante una de las hermosas tardes de tu infancia y que debió ser muy difícil imaginarte a los Dementores.
Los Dementores, esos fantasmas malignos que succionan todo del alma de una persona y solo dejan dolor en ella. ¡Voy a contarte un secreto! Los Dementores existen realmente. Han invadió nuestra casa. Y la casa de nuestros vecinos. Los he llamado Santos Dementores. Se suponía que este iba a ser un artículo bonito y glamuroso pero ahora me hallo muy cansada. Demasiado cansada para esconderme detrás de metáforas. No soy feliz, pero ahora estoy más triste por mi vecina. Apesadumbrada por ella porque ya ni siquiera puedo verla desde la ventana de su miserable casa. Los mulás, esos santos dementores, han decidido que debe ocultarse. Como un feo pecado. Quieren borrar del mundo el rostro y la voz de las mujeres afganas. ¿Sabías que el oído es el último sentido que desaparece cuando una persona muere?, quizá por eso tienen tanto miedo de nuestra voz. Mulás, no os preocupéis, las mujeres de Oriente Medio y nuestras vecinas afganas estamos bajo los pies de este mundo, estamos lejos de los oídos del mundo y, aunque gritemos con todo nuestro corazón, nuestra voz es una nota solitaria que, como Sísifo, debemos hacer rodar hasta las cumbres de los oídos del mundo. Y en cuanto nos quedamos sin aliento el mundo vuelve a bajarla y ganáis. Así que ¿por qué tenéis tanto miedo a nuestra voz?
Mulás, sois expertos en lujuria y asesinato y, por lo general, no entendéis nada de arte, así que dejadme aclararos una cosa: el acto más poderoso y el más inolvidable en la actuación se llama “Acto Silencioso”; lo que el actor expresa sin palabras y muestra al público. Silenciad la voz de las mujeres afganas, ¿qué haréis con el acto silencioso de las calles? ¿Qué haréis con la mirada triste de las calles que gritarán que están vacías de belleza femenina? ¿Qué haréis con el acto silencioso del gato que solía escuchar por la noche la nana que la vecina cantaba a su bebé? ¿Qué haréis con el acto silencioso de los tristes velos que cubren los rostros de las mujeres?
Mulás, ¿jugasteis a la Atari cuando erais niños? Atari tenía un juego en el que tenías que disparar a pájaros y recibías puntos, no era posible matar a todos los pájaros a la vez. Cuando disparabas a un pájaro, el otro se escapaba. ¿Visteis realmente el acto de silencio de Manizha Talash en el escenario de los Juegos Olímpicos de París? Un pájaro afgano bailó y voló, estaba en silencio pero gritaba: Libertad para las mujeres afganas. Si bien fue descalificada por ello. Por eso no necesitáis tener miedo. Ya veis, vivimos en un mundo en el que pedir ayuda se considera un eslogan político; y, en un evento que está basado en la unidad, la lapidación, la tortura y la muerte de seres humanos no tienen ningún valor en absoluto. Entonces, ¿por qué tenéis miedo? El mundo no quiere hacer nada con vosotros salvo que un día conquistéis el mundo entero y entiendan que cuando los mulás chupen la sangre de cada mujer de cabello negro irán por la de las mujeres de cabello rubio. Vecina, sé que estás cansada, mi voz es ilegal como la tuya. Como tú, no tengo derecho a cantar. Y si bien mis amigas y yo a veces gritamos muy valientemente, una a una vamos cayendo al suelo por las balas. Vecina, sé que estás muy afligida pero admite conmigo que nunca podrán quitarnos la voz.
Ey, Mulás, habéis perdido. Cuando miráis las piedras escucháis los gritos de las mujeres que lapidasteis, cuando compráis helados a vuestros hijos escucháis el cráneo aplastado de la chica adolescente que violasteis y matasteis detrás del camión de helados. Cuando os miréis al espejo oiréis el sonido de las balas que golpean los ojos, los corazones y las columnas vertebrales de la gente. Cuando escuchéis el athan oiréis los llantos de las madres cuyos hijos habéis ejecutado. Y, en efecto, cuando escuchéis la ciudad ya no oiréis las voces de las mujeres.
Triste, ¿verdad?
Fracasasteis una vez y volveréis a fracasar. Vecina, tú y yo luchamos por las mujeres, por la vida y por la libertad. Y ni siquiera importa si ganamos porque tú y yo nos hemos convertido en la pesadilla de los mulás. Somos mujeres que luchan.»
Desde Kripties Fundación nos unimos a ese grito: Mujer, vida, libertad. Porque no se trata solo de denunciar la barbarie, sino de sostener la voz de quienes arriesgan todo para que la esperanza no muera.