La preocupante deriva de la censura en el arte
La democracia nos enseñó que los derechos no se regalan: se conquistan, se ejercen y se defienden. Sin embargo, seguimos cayendo en la trampa de creer que los avances sociales son lineales, que una vez logrados ya no pueden retroceder. La realidad actual, también en el ámbito de la cultura y el arte, demuestra lo contrario.
En 2023, desde Kripties, inauguramos la exposición Censura para evidenciar cómo la llamada “cancelación” es, en realidad, una forma renovada de censura: un mecanismo que se disfraza de moderación pero que actúa como freno a la libertad de creación. Las obras de Bruno Vázquez, Saúl G. Corona, Adrián García y Curro Medina nos confrontaron con esa amenaza silenciosa que atraviesa hoy la sociedad.
Dos años después, la deriva es todavía más clara. En un contexto marcado por polarización política, tensiones culturales y discursos reduccionistas en redes sociales, la censura regresa con fuerza. Lo hace sobre la desnudez, la religión, la sexualidad o cualquier discurso incómodo. Lo que debería abrirnos al debate nos encierra en trincheras ideológicas.
No es cancelación, es censura
El arte es la herramienta más poderosa para explorar lo desconocido, enfrentarnos a los miedos y repensar lo que somos. Desacreditarlo como ofensivo o irreverente no solo es una simplificación peligrosa, sino que empobrece nuestra vida cultural y nos empuja hacia la irrelevancia.
El progreso de una sociedad se mide por su capacidad de respetar la diversidad de perspectivas y garantizar la libertad de expresión. El arte, con su capacidad de incomodar, emocionar y cuestionar, es parte esencial de ese progreso.
Hoy, más que nunca, necesitamos rechazar cualquier intento de silenciar voces creativas y promover un ecosistema donde la pluralidad sea celebrada. El arte no es un adorno: es un motor de cambio. Defenderlo es defender la posibilidad misma de construir un futuro más libre y más justo.