HumanIA — Dispositivo previo

HumanIA no fue un evento sobre inteligencia artificial. Fue una acción.

Un nuevo dispositivo en el que se activó —en condiciones reales— la relación entre práctica artística, tecnología y mediación. No como representación. Como operación.

HumanIA tuvo lugar el 18 de mayo de 2023 en Espacio Caser (Málaga): una experiencia híbrida que combinaba creación en directo, participación del público y reflexión crítica en torno a la irrupción de la inteligencia artificial en el arte contemporáneo.

El planteamiento no partía de un marco teórico cerrado. Partía de una situación: poner a artistas, sistemas algorítmicos y público a operar simultáneamente en el mismo espacio, sin jerarquías predefinidas y sin separación entre producción, mediación y recepción.

La acción fue concebida y comisariada por Juan Esteban como un dispositivo experimental orientado a activar, en condiciones reales, la relación entre práctica artística, inteligencia artificial y mediación.

Los participantes

La acción reunió perfiles que no se organizaban por disciplina, sino por función dentro del sistema. Bruno Vázquez, artista plástico. Carlos Capella, artista digital. Antonio Ortiz, artista y estratega en inteligencia artificial. Matías Zavia, especialista en inteligencia artificial. Carlos López, abogado especializado en propiedad intelectual. Fernando Carmona, gestor cultural, como moderador del diálogo.

No se trataba de representar campos distintos. Se trataba de hacerlos operar en relación.

La dinámica

La acción se estructuró en dos planos simultáneos e inseparables.

El primero fue la creación en directo: procesos paralelos de pintura, producción digital y generación mediante inteligencia artificial, cuyo punto de partida no lo definían los artistas. Lo definía el público. Conceptos abiertos —referencias culturales, imágenes, palabras, estímulos contextuales— eran propuestos en tiempo real e incorporados inmediatamente al proceso. La obra no se presentaba como resultado. Se configuraba como proceso visible.

En ese momento, la autoría dejaba de ser unívoca, la herramienta dejaba de ser instrumental y el público dejaba de ser externo.

El segundo fue la activación del diálogo: artistas, tecnólogos y especialistas en propiedad intelectual discutieron no en formato de mesa redonda, sino como extensión del dispositivo. Las cuestiones emergían de la experiencia —qué significa autoría cuando el proceso es compartido, qué ocurre cuando la creación se distribuye entre agentes humanos y no humanos, cómo se redefine la práctica en sistemas híbridos, qué implicaciones legales introduce la inteligencia artificial.

No se buscaba consenso. Se activaba tensión.

Proceso, no objeto

Durante la acción se produjeron obras que permanecieron expuestas posteriormente. Pero su valor no residía en su formalización. Residía en su condición de rastro: de un proceso en el que la creación era simultánea, la decisión distribuida, la mediación constitutiva y el sistema permanecía abierto.

La obra no se cerraba. Se estabilizaba temporalmente.

Desplazamiento conceptual

La pregunta dominante —si la inteligencia artificial puede sustituir al artista— quedaba desplazada desde el inicio. No porque se respondiera. Porque dejaba de ser pertinente.

Lo que emergía era otra cuestión: qué ocurre cuando la creación deja de estar localizada en un único sujeto y pasa a operar como sistema. En ese contexto, la inteligencia artificial no aparece como sustituto ni como herramienta subordinada. Aparece como agente. Un agente que interviene, amplifica y reconfigura el campo de relaciones.

HumanIA dentro de TransArte

HumanIA no fue concebido inicialmente como parte de TransArte. Pero lo es en su lógica.

Porque activa, de forma operativa, los elementos que posteriormente estructuran el proyecto: la transdisciplinaridad como relación, la tecnología como lenguaje, la mediación integrada en la experiencia, el público como agente activo, la obra como proceso.

En este sentido, HumanIA no es un antecedente. Es una verificación.

HumanIA no responde a la pregunta sobre el futuro del arte. La desplaza.

Y al hacerlo, abre un espacio en el que el arte deja de definirse por lo que es y pasa a definirse por lo que activa.