¿Es posible que la tecnología acorte distancias entre quienes suelen quedar fuera de las grandes redes creativas? En Kripties Fundación comprobamos que sí. Por eso, este boletín marca un punto de inflexión: apostamos por el arte digital como motor de inclusión social y queremos que tú formes parte del cambio.
Piensa en lo que une a una persona mayor de un pueblo remoto con un joven “artivista” hiperconectado en la ciudad. ¿Y si la respuesta estuviera — justamente — en el arte digital? Suena a tópico, pero créeme, en Kripties Fundación lo estamos viviendo en carne propia: la tecnología, bien utilizada, no es solo pantalla y bits… es piel, es territorio y comunidad.
La tecnología acorta distancias entre quienes suelen quedar fuera de las grandes redes creativas. Esas personas y colectivos que, por vivir lejos de los focos — en el campo, en la periferia, en lo “raro” — quedan muchas veces fuera del juego. Pero la cosa está cambiando. En estos meses hemos apostado fuerte por explorar hasta dónde puede llegar el arte digital para conectar mundos. Ahora, la tecnología es una excusa perfecta para romper paredes. Talleres colaborativos por videollamada, exposiciones virtuales, creaciones colectivas con IA… Pequeños milagros digitales de los que nadie habla en los informes de tendencias, pero que a mí me ponen los vellos de punta.
Vivimos un momento en el que las herramientas digitales están transformando la creación artística y la forma en que nos relacionamos con la cultura. Sin embargo, esa revolución no siempre llega a todos los territorios por igual. Por ello, próximamente daremos a conocer una convocatoria piloto dirigida a artistas de entornos rurales que trabajen con medios digitales, o que quieran empezar a experimentar en este ámbito. Queremos demostrar que la inclusión real pasa por abrir espacios y facilitar el acceso a nuevas formas de creación, más allá de modas o discursos vacíos.
El contexto actual también exige responsabilidad. Las recientes decisiones legales en Europa sobre derechos de autor y la relación con la inteligencia artificial nos recuerdan que la equidad cultural es un desafío compartido. No basta con crear: hay que proteger el acceso justo y defender la diversidad en el nuevo ecosistema digital. ¿Quién puede usar qué? ¿A quién pertenece realmente una imagen creada con IA? Estas preguntas ya no son futuribles, sino nuestro pan de cada día. Aquí nos toca mojarnos y ser custodios de la equidad cultural, no solo de la creatividad. Y como Fundación, apostamos por un marco justo, donde lo digital no sea otro muro más, sino una ventana.
Y si te parece que esto de la inclusión digital en el arte es solo postureo… te invito a que lo pruebes tú mismo. Te prometo que cambiará tu forma de mirar y crear.
Publicado en newsletter TransArte